Gaizka Fernández Soldevilla: «ETA no se creó contra Franco, la democracia le dio igual»

La democracia en España nació con muchas dificultades, pero ninguna como ETA. La Ley de amnistía de 1977 estaba diseñada específicamente para que dejaran las armas, pero siguieron matando tras salir de la cárcel. Los oficiales que tramaron y ejecutaron el golpe de Estado del 23-F utilizaron los atentados como justificación. El terrorismo condicionó al Ministerio del Interior de la transición, haciendo que varios casos recayeran en ciertos policías y guardias civiles de corte franquista pero con experiencia en la lucha antiterrorista.

El debate político se vio intoxicado hasta la náusea por la existencia de ETA y, lo más grave de todo, dejó casi un millar de muertos, tres mil heridos y millones de personas sin libertades efectivas durante décadas. Ahora el recuerdo de aquellas ruedas de prensa con pasamontañas y txapelas más que temor infunde hilaridad. La reiteración de esas siglas en el debate político es un fenómeno cansino. Paralelamente, es recurrente en la juventud que ha crecido sin ETA no saber qué fue aquello o entenderlo vaga y torpemente. El historiador Gaizka Fernández Soldevilla (Baracaldo; 1981) trabaja como responsable de Investigación en el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo. Un espacio impulsado por la Ley de Víctimas del Terrorismo de 2011, aprobada por unanimidad, para mantener la memoria de la violencia, conocer lo que ocurrió y evitar que vuelva a producirse. Ha publicado y participado en diferentes libros sobre la historia de ETA y el terrorismo en España. La idea es poner en perspectiva, con la limitación de una entrevista, qué fue ETA, qué significó y cuáles fueron sus consecuencias. 

¿Qué te pareció que los diputados del PP acudieran con un lazo azul en protesta por la aprobación de la Ley de Memoria Democrática?

No opino sobre actualidad política. 

En el libro En manos del tío Sam, David Mota dice que es difícil investigar sobre ETA por el acceso a los archivos, que los investigadores están obligados a irse a ver los de otros países.

Las limitaciones legales afectan a la investigación sobre cualquier tema de la historia reciente de España, no solo el terrorismo. Por lo general, son cincuenta años de plazo, así que ahora mismo se supone que podemos ver la documentación producida hasta 1972. Se trata de un escollo que dificulta mucho nuestro trabajo. Ten en cuenta que ETA cuando más mata es en la transición: 340 asesinatos. Los historiadores tenemos que soslayar este problema recurriendo a otras fuentes, como entrevistas, memorias, archivos privados o, como han hecho investigadores como Ibon Zubiaur o el propio David, extranjeros. En Italia, Alemania, Estados Unidos o Gran Bretaña la legislación es más permisiva, aunque también es cierto que la información que podemos encontrar sobre el caso de ETA suele ser menos relevante. 

Sí sirvió al menos para descartar que la Stasi tuviera que ver con ETA.

Se trata de un mito que en los años 60 tuvo su importancia. Carrero Blanco creía, y así lo dijo en público, que ETA estaba teledirigida por la URSS. En cierto modo, para él y para muchos franquistas todo lo malo que pasaba en España era culpa de Moscú. Incluso hubo un sector minoritario del PNV, los bultzagileak, que retomó esa teoría de la conspiración. Estaban convencidos de la financiación soviética de ETA y luego de Euskadiko Ezkerra. No había ninguna prueba de que fuera así, aunque tampoco era descartable que alguna rama de ETA hubiese tenido cierta relación con el Bloque del Este. Para aclarar cuánto había de cierto, el Centro Memorial contrató a un investigador, Ibon Zubiaur, que realizó una búsqueda exhaustiva en el archivo de la Stasi de Berlín. Encontró, copió y analizó unos mil doscientos documentos con referencias a ETA o a otras bandas terroristas españolas. El resultado de su trabajo, que plasmó en un informe que puede consultarse en la web del Memorial, es que no se puede hablar de una vinculación directa y mucho menos de dependencia de ETA respecto al bloque del Este. 

La Stasi tuvo relación con la RAF, pero no con ETA. Estaba muy lejos, España no era un área de interés estratégico para la RDA e, ideológicamente, el comunismo no casaba con el nacionalismo vasco radical. No obstante, hay dos cuestiones menores que cabe mencionar. Una, que hubo una mínima presencia de ETA político-militar en la RDA en un momento muy corto, sin mayor trascendencia. Lo explica Ibon en su informe. Otra, que hubo etarras que se entrenaron en campamentos del norte de África o de Oriente Medio, algo que se sabía desde hace años, lo cuenta Florencio Domínguez en su tesis doctoral. 

Es posible que los organizadores locales de esos campamentos recibieran financiación de la URSS o de otros países, pero los campamentos eran iniciativa de los organizadores, que eran los que los gestionaban. No se trataba de marionetas. Además, por ahí pasaron decenas de grupos terroristas muy distintos, muchos de los cuales no eran comunistas, como la propia ETA. No parece que a los patrocinadores indirectos les importara demasiado quién iba, sino que de una u otra forma contribuyeran a desestabilizar Occidente. Es decir, no fue ETA por ser ETA, podría haber ido GRAPO o el Exército Guerrilheiro do Povo Galego Ceive. También fue el Ejército Rojo Japonés, por ejemplo. No obstante, como suele ocurrir en la historiografía, sería deseable investigar más a fondo, lo que solo podría hacerse en los archivos rusos, opción que ahora mismo cabe descartar.

¿Cuál es el origen de ETA? ¿Hay que remontarse a los mendigoxales?

Es un precedente muy lejano, pero no hay un vínculo directo entre unos y otros. La supuesta continuidad entre Sabino Arana, el PNV Aberri, los mendigoxales y ETA es un mito de origen inventado por algunos autores abertzales, que así intentaban disputar la legitimidad histórica al PNV, que es el auténtico origen de todo el nacionalismo vasco. Obviando este hecho incuestionable, se ha tratado de presentar como el eslabón perdido entre Sabino Arana y ETA a Eli Gallastegi, alias Gudari, y a los dos grupos que creó en los años veinte y treinta, PNV Aberri y Jagi-Jagi, también conocidos como mendigoxales. No es cierto. 

La guerra civil supone una ruptura en la corriente radical del nacionalismo vasco, que prácticamente desaparece, mientras que el PNV resiste mucho mejor y sí tiene una continuidad histórica. Es más, cuando se crea ETA, la mayoría de sus militantes han pasado por las juventudes del PNV, que es el partido que les sirve de referencia, aunque sea para rebelarse contra él, pero no tienen en mente ni a los mendigoxales ni a Gallastegi. La única correlación que hay entre ambos sectores es la ideológica. En los años veinte y treinta PNV Aberri y los mendigoxales ocupaban el extremo más independentista y radical del nacionalismo, al igual que ETA va hacer treinta años después, pero ocupar el mismo espacio político no significa que haya una continuidad entre ambos. 

¿Por qué reivindicar a Gallastegi, Gudari, si era un hazmerreír? El ministro de la República del PNV se reía de él…

Sí, te refieres a Manuel Irujo, que dedicó a Gallastegi más de una ironía. Por ejemplo, dijo que Gudari había sido «el único vasco patriota que no supo ser gudari cuando los demás lo eran». 

Se escaqueó de la guerra civil, le dijo a sus seguidores: «si supiese que mi puesto de patriota está en el monte, no estaría sentado en este café»…

Gallastegi se había pasado años difundiendo su discurso de odio. La suya era una retórica ultranacionalista, racista, virulenta y belicista. También le gustaba inventar nombres grandiosos para organismos totalmente fantasiosos, como el Ejército de Voluntarios Vascos, que solo disparó ejemplares de un periódico clandestino, Lenago il (Antes morir). Él se conformaba con eso, porque no era más que un estratega de café, pero, como suele ocurrir con este tipo de personajes, algunos jóvenes se tomaron en serio sus palabras y pasaron a los hechos.

Los mendigoxales, que al principio ejercían de servicio del orden del PNV, conformaron uno de los grupos paramilitares que hubo en los años de entreguerras. En ese momento casi todos los partidos políticos tenían jóvenes armados a sus órdenes, el PCE, PSOE, los republicanos, Falange, los carlistas, la CEDA… Se pegaban entre sí y, a veces, se mataban. Es uno de los factores que explican la gran dosis de violencia política que padeció España durante la II República. Según el libro de Eduardo González Calleja, Cifras cruentas, entre abril de 1931 y julio de 1936 hubo más de 2600 víctimas mortales. Ojo, no es una especificidad española, sino que estaba ocurriendo lo mismo en toda Europa. Se trataba de los años de la brutalización de la política, por emplear el concepto de George L. Mosse.

Los Jagi-Jagi no son más que una expresión local de ese fenómeno. Nada original. Publican unos textos muy virulentos, hacen marchas, van uniformados, se entrenan, se autodenominan «soldados de la Patria», se pelean con los jóvenes de izquierdas, matan, tienen bajas…

Parafascistas.

El fascismo era un movimiento que en aquel momento estaba en auge y era muy influyente, incluso en culturas políticas alejadas. Es verdad que se pueden detectar paralelismos con los mendigoxales, como su ultranacionalismo, su racismo, su conservadurismo, su corporativismo, su anticapitalismo retórico o su clericalismo, pero les faltaban otras características fundamentales, así que yo no definiría a este grupúsculo como fascista.

En todo caso, es evidente que los mendigoxales tal y como eran no parecen muy presentables hoy. Por eso, la izquierda abertzale solo se fija en aspectos muy concretos, como su discurso independentista y anticapitalista, que en el fondo era más bien socialcristiano. Destacan la intransigencia de Gallastegi, que se negaba a pactar con cualquier español. Para él, cualquiera que no tuviese los apellidos correctos y no fuese nacionalista vasco, era español y, por tanto, un enemigo. Sin embargo, cuando estalló la contienda, pese a sus dudas iniciales, el PNV se alió con el Frente Popular. Se creó el primer Gobierno vasco de la historia y entraron ministros del PNV en el Gobierno republicano. Eso fue considerado un grandísimo error por Gallastegi y los nacionalistas más radicales, que ideológicamente estaban mucho más cerca del carlismo que del PSOE o del PCE, con los que se habían estado enfrentando hasta entonces.

Cuando estalló la guerra civil era inevitable tomar partido, porque ninguno de los dos bandos te iba a permitir permanecer al margen. O huías fuera de España o tenías que estar con unos o con otros. Desde la perspectiva de Gallastegi, la guerra era una guerra entre españoles, no tenía nada que ver con la raza vasca, así que se declaró neutral. Y con esa decisión perdió gran parte de su prestigio y de su liderazgo. Sin hacerle caso, sus seguidores, los mendigoxales, se unieron al Eusko Gudaroztea, que era una especie de ejército nacionalista dentro del ejército republicano. Formaron dos batallones, algo más de 1.000 gudaris, muy poco leales, ya que tenían planes para atacar a los republicanos y declarar la independencia cuando pudieran. Se lo llegaron a proponer al lehendakari Aguirre, que se negó en redondo, porque él sí era leal al Gobierno republicano. Los mendigoxales tampoco tuvieron un papel destacado ni mostraron arrojo en la guerra. Caído Bilbao en junio de 1937, uno de los batallones se disolvió mientras que el otro se acuarteló en Colindres hasta su rendición en agosto. Sin embargo, los milicianos vascos de izquierdas y bastantes gudaris, como los de ANV, permanecieron firmes y siguieron luchando.

Después, ya en el exilio, se crearon algunos núcleos ultranacionalistas en Venezuela, México, Argentina y Francia. Entre ellos había mendigoxales, pero también disidentes del PNV que se habían radicalizado y que rechazaban la línea moderada del partido y del Gobierno vasco. El más conocido era Manuel Fernández Etxeberria (Matxari), que editó revistas de corte neoaranista como Irrintzi, Frente Nacional Vasco y Sabindarra. Cuando surgió ETA, estos veteranos apoyaron a la nueva organización, pero no se integraron en ella. Había un corte demasiado profundo entre ellos. Desde luego, los jóvenes de ETA no les veían como referentes en absoluto.

En los orígenes de la retórica aranista radical dices en tu libro La voluntad del gudari que hay un esquema cristiano, de paraíso-caída-redención. 

Los movimientos nacionalistas utilizan la historia para justificarse y el nacionalismo vasco no es una excepción. Ahora bien, nunca recurren a la historia como disciplina académica, porque no suele darles la razón. Prefieren versiones distorsionadas del pasado e incluso mitos. Así que, utilizando la expresión de Eric J. Hobsbawm y Terence Ranger, se inventan su propia tradición. 

En Europa, a consecuencia del sustrato religioso, muchos movimientos nacionalistas utilizan el mismo molde para hacerlo. Siguiendo a Matthew Levinger y Paula Franklin Lytle, se trata de la estructura triádica de la retórica nacionalista, la cual hunde sus raíces en la del cristianismo. Como dices, paraíso, caída y redención. Son tres períodos consecutivos en la «historia» con comillas de la nación que conforman una unidad narrativa. Si analizamos el catalán, el español o el irlandés siguen esa estructura…

El franquismo era eso, regreso a los Reyes Católicos, el Imperio perdido por traiciones…

Exacto, al fin y al cabo el ultranacionalismo es un ingrediente esencial del nacionalcatolicismo. Desde la perspectiva franquista, el liberalismo, la masonería y el marxismo habían hecho enfermar a España, condenándola a un presente en decadencia: la II República. La sublevación de julio del 36 sería una forma de intentar volver al pasado glorioso perdido. La nobleza de tan alto fin legitimaría, desde su punto de vista, el precio sangriento.

Este esquema funciona a nivel retórico, es muy simple y al ser humano es muy fácil convencerle de que antes éramos felices, vivíamos en armonía, vino alguien malvado y nos lo quitó. Pudo ser un enemigo interno, como hizo el nazismo al señalar a los judíos o el franquismo a masones e izquierdistas; o un enemigo externo, de fuera, como en el caso del nacionalismo vasco, que culpaba a los inmigrantes del resto de España de la decadencia de Euskadi. El Paraíso suele acabar con una derrota, como la batalla de Kosovo para el nacionalismo serbio, o el 11 de septiembre de 1714 para el nacionalismo catalán, o 1898 para el nacionalcatolicismo, o 1918 para el nacionalismo alemán, o las guerras carlistas para Sabino Arana. En el presente todo es decadencia, nuestro país va a desaparecer, nuestra raza se diluye, se mezclan las sangres, nuestra cultura se acaba, el idioma es sustituido por otro más hablado… y siempre por culpa del enemigo, que en el fondo es utilizado como un chivo expiatorio: es más fácil responsabilizar a otro de todos los problemas. ¿Cómo revertir esta situación y recuperar la Edad de Oro? Hay varios caminos. Normalmente los movimientos nacionalistas apuestan por la vía institucional, pero a veces los sectores más radicales eligen la violencia. Y aquí hay una diferencia clara entre el PNV, que siempre apostó por la política, y ETA, que apostó por el terrorismo. 

Curiosamente el pasado idílico al que se quiere volver va siendo modificado por las sucesivas generaciones de nacionalistas. En cierto modo, sus autores hacen lo mismo que el Ministerio de la Verdad en 1984, que se encargaba de reescribir la historia para que encajase bien con los cambios en la política. El pasado que tenía en mente Sabino Arana difiere mucho del que defiende ahora la izquierda abertzale. Se han ido haciendo tachaduras, correcciones y nuevos añadidos para que se amolde bien al presente. Por ejemplo, Arana concebía la Euskadi de la Edad de Oro como un paraíso rural, católico y racialmente puro que había sido destruido por la industrialización y la invasión de la raza inferior de los lascivos y ateos maketos. Después de la II Guerra Mundial, ya nadie podía hablar de la raza abiertamente por sus connotaciones nazis. Entonces, el nacionalismo vasco se fijó más en la lengua y la identidad, aceptando a los inmigrantes que se convirtiesen en abertzales. La religión también fue perdiendo importancia, mientras que la ganó el folklore modificado o inventado. Por ejemplo, se introdujo la figura del Olentzero, que era propio de una pequeña zona, para sustituir a los Reyes Magos. Este proceso se explica en libros como los de José Luis de la Granja, Santiago de Pablo o Jesús Casquete. Ahora mismo, el nacionalismo vasco radical ha introducido algo que actualmente está en auge, el feminismo, en el pasado, subrayando la supuesta importancia del matriarcado, el paganismo, las brujas… Evidentemente a un clerical como Sabino Arana todo eso le hubiese parecido una blasfemia. 

Hay mucho material, libros, tebeos, programas televisivos, películas, documentales y canciones en el ámbito del nacionalismo vasco y puedes comprobar que el que presentan es un pasado muy maleable que siempre está en reconstrucción. Puedes ver cómo la gran derrota la van cambiando de fecha según convenga. Pueden ser las bagaudas del Imperio Romano, la legendaria batalla de Arrigorriaga, la anexión de Navarra en 1512, la conflictividad social en la Vizcaya de la Edad Moderna, el incendio de San Sebastián en 1813, en las guerras carlistas… Al gusto.

El revisionismo promovido por el nacionalismo vasco radical no resiste el análisis crítico, pero la verdad, a su modo de ver, no tiene que ver con el trabajo de los historiadores, sino con la fe en la causa. A fin de cuentas, no les guía el impulso de hacer historia, sino el de hacer patria. Hay que tener esto en mente cuando uno se acerca a este tipo de obras. Son más ficción que historia, pero eso no significa que no tengan consecuencias políticas, porque hay gente que decide creer en los mitos. 

Gaizka Fernández Soldevilla

¿Qué era el antimaketismo?

Era y es, porque todavía queda algo de eso en ciertos sitios, racismo puro y duro. Sabino Arana y sus seguidores declararon públicamente su odio a los inmigrantes que venían desde el resto de España al País Vasco en busca de trabajo. Los consideraban miembros de una raza inferior, sucia, lasciva, blasfema, atea, etc. Ahora bien, tampoco hay que olvidar que para Arana tan malo era un maketo como un vasco maketófilo o «españolista», es decir, un autóctono no nacionalista, por muchos apellidos vascos que tuviese.

También los propios vascos iban del caserío a la fábrica.

Claro, pero los caseros no le provocaban un rechazo racista. Solo los maketos. No queremos que vengan, queremos preservar nuestras costumbres ancestrales, nuestro idioma, nuestra sangre, nuestra fe. Para Sabino Arana, que era un clerical y un puritano, los inmigrantes introducían en el País Vasco modas perversas, como los bailes agarrados, los piropos, las muestras de cariño, el deseo… El problema de Arana era que físicamente los vascos y el resto de los españoles no se diferencian en nada. Por tanto, para crear una frontera étnica entre ellos, Arana tuvo que recurrir al racismo apellidista. Si tenías apellidos vascos, eras vasco. Si no, extranjero, aunque hubieses nacido en Tolosa y hablases euskera, daba igual. El hermano de Sabino Arana, Luis, se los cambió a su mujer porque era aragonesa. Por cierto, no bastaba con eso. También había que ser nacionalista y católico. No valía ser racialmente vasco y luego socialista y ateo. 

La utopía con la que soñaba Sabino Arana era una confederación de estados vascos agrícolas, confesionales y racialmente puros. Evidentemente, después de la II Guerra Mundial un proyecto así no lo podía defender nadie, excepto quizá algún partido ultraderechista marginal. Y tampoco lo hace ETA, aunque sus militantes sí mantengan los prejuicios xenófobos contra los inmigrantes. 

En los textos que recopilas en el libro me llama la atención la obsesión que tenían con el adobe.

Creo que te refieres a un fragmento de la revista Frente Nacional Vasco que cito. Es de los años sesenta. «España es, sin disputa de ningún género, uno de los estados más atrasados de Europa. Con casas de adobe, grandes porciones de analfabetos y miseria por doquier que culmina en las Hurdes y Extremadura como denuncia permanente de lo más típico español…». Así, «por inercia, España es africana, mientras que, por naturaleza, Euzkadi es europea. De territorio, de sangre, de mentalidad, de genio emprendedor y de cuanto se quiera cotejar». Se trataba de una publicación neoaranista, que no hacía más que seguir la estela de Sabino.

Evidentemente sus promotores no habían viajado mucho por España y tenían una imagen absurdamente estereotipada del país. Tampoco viajó demasiado Sabino Arana. Estudió en Barcelona, que era una gran ciudad, pero parece ser que la única influencia cultural que aceptó allí fue el integrismo católico. Se trató de un personaje bastante cerrado, ni siquiera tenía un gran interés por el País Vasco, lo suyo era Bilbao y alrededores, el bocho. En ese punto, tiene una biografía paralela a Unamuno, solo que el escritor sí salió del bocho. 

¿Ekin, embrión de ETA, era una escisión de EGI?

Ekin, que significa Hacer, era un colectivo formado en 1952 por estudiantes universitarios. Al año siguiente, durante su reunión fundacional, los miembros de Ekin juraron solemnemente sobre un ejemplar de la revista Gudari de la guerra civil. Dicho por ellos mismos, se creían gudaris que iban a retomar la contienda que habían perdido sus antecesores. Pero, en vez de combatir, se dedicaron al estudio, al redescubriendo el nacionalismo vasco en su variante fundamentalista.

En 1956, Ekin se integró en las juventudes del PNV, EGI, porque no había diferencias ideológicas entre ambos grupos, pero fue una unión efímera. Debido a las desconfianzas mutuas, las ansias de control de la dirección del PNV y los problemas internos del propio partido, dos años después se produjo el cisma. Durante un tiempo, los antiguos integrantes de Ekin siguieron autoproclamándose la auténtica EGI, pero acabaron por adoptar una nueva denominación. La primera opción que barajaron era ATA, Aberri Ta Askatasuna (Patria y Libertad), pero el problema era que «ata» también significa «pato« en dialecto vizcaíno. Pensaron que a una organización que se llamase «Pato» no se la iba a tomar en serio y Txillardegi propuso que se llamaran ETA, Euskadi Ta Askatasuna (Euskadi y Libertad).

Se proclamaron el verdadero gobierno vasco.

No exactamente. En julio de 1959, ETA se presentó al gobierno vasco en el exilio, que estaba hegemonizado por el PNV, pero que también incluía al PSOE y otras fuerzas, con un texto moderado en el que se proclamaba heredera de la trayectoria de aquella institución. El nuevo movimiento se definía como patriótico, apolítico, aconfesional, demócrata y defensor del derecho de autodeterminación. Pese a aquella declaración, la verdad era que ETA había adoptado una versión intransigente del nacionalismo vasco. 

El 25 de octubre puso su primera bomba, en el diario Alerta de Santander. Era toda una declaración de intenciones. El segundo artefacto, un viejo bidón de gasolina lleno de clavos y trozos de hierro, estalló el 7 de noviembre de ese año en el Gobierno Civil de Vitoria. El tercero, el día 13 del mismo mes, en la Jefatura de Policía de Bilbao. La organización ni siquiera reivindicó aquellos atentados, que no produjeron víctimas. La policía creyó que había sido EGI.

Los etarras se proclamaron los auténticos herederos de los gudaris de la guerra civil, lo que suponía disputarle la legitimidad histórica al PNV. Insistieron mucho con el término gudaris, cosa que a muchísimos de los gudaris de verdad, los que habían luchado en la guerra civil, no les hacía mucha gracia. Estaban usurpando el nombre para disimular que eran terroristas. Igual que si los GRAPO se hubieran denominado a sí mismos «los milicianos», difícilmente a los veteranos republicanos de la guerra les hubiera parecido bien. 

En el año 60 se legitima la violencia con el Libro Blanco de ETA en un contexto en el que el PCE está por la «reconciliación nacional» desde el 54, algo que le costó no pocas escisiones, y en el PSOE se había expulsado a Álvarez del Bayo por su radicalización, que culmina con la creación del FRAP…

En Europa occidental en 1959 o 1960 el recurso de la violencia no era lo habitual. La segunda oleada internacional de terrorismo no comenzó hasta finales de los años sesenta. Lo de ETA es muy temprano, pero si lo miras con perspectiva, hay fenómenos como la revolución cubana que habían sido justo antes. Después de que llegara Fidel Castro al poder, se crean otros grupos guerrilleros en el Caribe, que la mayoría no llegaron a nada, pero hubo un efecto imitación. En el caso español, en el 59 se crea el DRIL y poco después Defensa Interior. Así que ETA entronca con esta generación que queda deslumbrada con Castro y el «Che» Guevara. Aunque hubo quien se lo planteó, tras el fracaso del maquis era evidente que en España no se podía hacer una guerrilla rural. No tenía sentido en un país ya industrializado. Por eso los nuevos grupos, DRIL, Defensa Interior y ETA, hicieron directamente terrorismo. La diferencia entre unos y otros es que el DRIL y Defensa Interior fueron grupos efímeros y ETA consiguió sobrevivir durante décadas.

La primera controversia, más bien conspirativa, es que la CIA tuvo algo que ver en ETA

Es uno de los asuntos que ha investigado David Mota en su libro En manos del Tío Sam, aunque no ha encontrado pruebas que sustenten esa hipótesis. Sin embargo, este historiador demuestra algo sorprendente, que las autoridades de EEUU conocieron la existencia de ETA antes que la policía franquista. En diciembre de 1959 alguien entregó un boletín interno de la organización al vicecónsul estadounidense en Bilbao. El texto le interesaba porque en él se hacía referencia expresa a la base de telecomunicaciones de Gorramendi que Estados Unidos estaba construyendo en Elizondo (Navarra). En cambio, el primer documento oficial español en el que se menciona a ETA data de julio de 1961.

Existe la creencia de que la CIA es un monstruo omnisciente que lo conoce y lo maneja todo, quizá por el cine, pero el libro de Mota deja claro que, al menos en España, no fue así. Los informes que redactaban se basaban en muy pocas fuentes: algún testimonio y, sobre todo, noticias publicadas en los periódicos. Por lo general, no contaban nada novedosos. También hay que tener en cuenta que para EEUU el terrorismo de ETA nunca fue objeto de una atención especial, ya que no amenazaba sus intereses. Sus prioridades eran sus bases y las relaciones con quien fuera el sucesor de Franco. Como mucho, que el PCE no tuviera fuerza suficiente como para tomar el poder. Desde su perspectiva, ETA carecía de importancia. 

Con el asesinato de Carrero Blanco, pasamos a las teorías de la conspiración. Los hechos eran que una banda terrorista había puesto una bomba y había matado al presidente del Gobierno y que, por otro lado, la policía y el servicio secreto habían fracasado a la hora de protegerlo. Pero a algunas personas les costaba aceptar una explicación tan sencilla y prefirieron elaborar teorías muy complejas en las que se acusaba a la CIA, la masonería, un sector del régimen o el KGB. La versión de la CIA fue la que tuvo más éxito por la reciente visita de Kissinger y la cercanía de la embajada de EEUU del punto del atentado. No obstante, no hay ningún indicio que sugiera la implicación de nadie que no fuera la propia ETA y su pequeña red de colaboradores madrileños.

Hubo una investigación exhaustiva. La acumulación de pruebas y testimonios dio lugar a un sumario de 3009 folios, más dos piezas separadas, una de 128 folios y otra de siete. Yo lo he consultado y no hay absolutamente nada extraño. Lo único que me llamó la atención fue una tontería. Hay un mapa de Madrid que estaba en poder de los etarras. Sale el recorrido de Carrero dibujado con un bolígrafo y la embajada estadounidense rodeada con un círculo. ¿Podría significar algo? Pues no, porque el colegio que había al lado también estaba marcado igual. Lo mismo que la comisaría, etc. Los etarras simplemente señalaron los lugares que había que evitar. 

Por desgracia, la teoría de la conspiración ha tenido su eco en la prensa, la literatura, el cine y la televisión, por lo que en cierto modo ha quedado fijada en el imaginario colectivo. Y parece que dan igual las pruebas. Hace poco leí a un periodista de un diario digital que decía que el atentado se había realizado con un explosivo plástico de origen militar facilitado por la CIA y que eso se quería tapar, pero resulta que durante la investigación policial ya se había descubierto que el explosivo salió de un polvorín de Hernani. No hay ningún misterio. Se sabe dónde y cómo se robó, cómo se trasladó a Madrid, quiénes eran los terroristas, cómo les ayudó el grupúsculo comandado por Eva Forest en Madrid… todo. También se sabe que, cuando lo nombraron presidente, las medidas de seguridad eran demasiado altas como para intentar secuestrar a Carrero, pero no eran suficientes como para no ponerle una bomba. Los etarras mataron a Carrero como podría haber sido un ministro o a cualquier otro alto cargo. Simplemente en ese momento ETA tenía la información, los medios y la oportunidad, así que la aprovechó. 

No es un problema español, que conste. En Italia todavía colean las teorías de la conspiración sobre el asesinato de Aldo Moro o las masacres neofascistas, pero basta leer a quien sabe del tema, como los historiadores Juan Avilés o Matteo Re, para ver que pasa lo mismo que con Carrero. Teorías de la conspiración que se construyen sobre realidades que son mucho más simples. Nos cuesta aceptar que los grupos terroristas son oportunistas, que hacen un atentado cuando pueden hacerlo y que no necesitan ayuda externa para asesinar. A Carrero inicialmente se le iba a secuestrar, cuando vieron que era imposible, decidieron matarlo. Lo decidieron ellos, nadie les dijo lo que tenían que hacer. 

Carrillo sí que deslizó que ETA tenía que ver con la CIA.

Se trataba de una mentira interesada, igual que cuando un sector del PNV denunciaba la mano de la URSS detrás de ETA. Es curioso, pero tampoco fue la primera vez que el PCE intoxicaba sobre un potencial adversario. Había pasado lo mismo con el DRIL, que al principio tenía ayuda de la Cuba castrista, por lo que el franquismo vinculó al DRIL con el comunismo. El PCE, que no tenía nada que ver con los atentados del DRIL, no solo se desligó de ellos, sino que fue más allá y los acusó de ser agentes provocadores del franquismo, una intoxicación que ha llegado a nuestros días. Pero el DRIL no era ni una marioneta del comunismo ni del franquismo. Era un grupo que tomaba sus propias decisiones. Lo mismo pasó con ETA. El papel del historiador es examinar este tipo de intoxicaciones, los mitos, las teorías de la conspiración, y ver si resisten un análisis o no. En el caso del asesinato de Carrero, no hay ninguna prueba de que lo impulsaran ni el KGB ni la CIA. 

¿Qué consecuencias tuvo el atentado de Carrero?

Para ETA fue un aldabonazo propagandístico tremendo a nivel internacional. Hasta entonces había sido un grupo pequeño que solo había actuado dentro del País Vasco, que tenía pocas víctimas mortales y al que la policía no le daba mucha importancia. Por ejemplo, en marzo de 1972 el director general de la Guardia Civil declaró que no le inquietaba en absoluto. Dijo: «ETA es como una gripe que le ha salido al país. Una gripe que se cura con algunas aspirinas». Lo que sí preocupaba y ocupaba a las Fuerzas de Orden Público del franquismo eran el PCE, CCOO, los curas obreros y, un detalle curioso, los Testigos de Jehová y los evangélicos. Creían que ETA era un fenómeno local sin recorrido, pero estaban equivocados. Además, la banda sirvió de ejemplo a otras organizaciones que surgieron en el resto de España. Durante los años setenta se crean un gran número de bandas terroristas que tratan de imitarles, hablo de GRAPO y FRAP, pero de otros más pequeños también. Políticamente, el magnicidio hizo que llegara al poder Arias Navarro…

¿… que era más duro? 

No era percibido por el búnker franquista como duro, más bien como moderado. Había iniciado el Espíritu del 12 de febrero… pero, efectivamente, al final se vio que no era precisamente un aperturista. Para la extrema derecha, Fuerza Nueva, que se asesinase al presidente del gobierno y subiera Arias Navarro al poder reflejaba la decadencia del régimen. La dictadura no era capaz de defenderse y solo llegaban criptoliberales y criptodemócratas que lo iban a destruir todo. Desde la perspectiva de los ultras, a ETA la habían dejado hacer. Los tecnócratas de los años 60 habían sentado las bases para que ocurriera esto al apartar a la vieja guardia y liberalizar muy parcialmente aspectos como la cultura, cine, librerías, playas, biquinis, etc… Al año siguiente, en el 74, cuando se produce el atentado de la Cafetería Rolando, Fuerza Nueva rompe públicamente con el presidente del Gobierno. Es bastante llamativo que una organización ultrafranquista rompa con el Gobierno franquista.

Otra cosa es que ETA, que siempre ha tenido unos publicistas muy buenos, decidiese que le venía bien decir que el atentado había acabado con un obstáculo que hubiera impedido el fin de la dictadura. Eso no es verdad. Carrero Blanco era fiel a Franco y a Juan Carlos, una vez muerto Franco, hubiera obedecido al rey, aparte de que era un señor muy mayor y su vida política no iba a llegar muy lejos. La transición puede que hubiese empezado antes o después, pero iba a haberla, porque el régimen no tenía sostén popular. Eso ya se ve en la Ley de Reforma Política y las elecciones del 77, a favor de la dictadura solo había una minoría marginal. Una dictadura puede sostenerse en la represión, pero también necesita del apoyo de una parte de la población significativa y el franquismo no lo tenía. 

El PNV, aunque tuviera diferencias, veía a ETA como «los chavales», con cierto paternalismo.

Gurutz Jauregi escribió que entre el PNV y ETA había una especie de cordón umbilical que parecía imposible de cortar. Durante la dictadura, el PNV no estuvo a favor de los atentados, pero cuando llega la represión que había provocado la violencia de ETA, los nacionalistas moderados se solidarizan con los detenidos, los condenados, los huidos, etc. No es solo que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, es que en muchos casos había lazos ideológicos, locales e incluso familiares. Sin embargo, esa solidaridad no se tradujo en una alianza. ETA intentó que el PNV rompiese el Gobierno vasco en el exilio y se integrase en un Frente Nacional solo para nacionalistas, excluyendo a las fuerzas de izquierdas, pero el PNV se negó reiteradamente, porque sus líderes tenían la suficiente experiencia como para saber que en una alianza así podían acabar fagocitados. Ese rechazo del PNV no cambió hasta el Pacto de Estella, muchos años después. Por otro lado, hay que recordar que ETA jamás fue una organización antifranquista y jamás se acercó a las fuerzas antifranquistas de izquierdas, porque las consideraba españolas y, por consiguiente, enemigas.

¿Por qué un espacio político tan influido por el tradicionalismo se convirtió al marxismo-leninismo cuando surge ETA?

No creo que ETA fuera nunca marxista-leninista. En los 60 se acercó a la lucha obrera, pero no desde el marxismo-leninismo clásico, sino desde el tercermundista, con las referencias de Cuba, Argelia o Vietnam. El suyo era un socialismo sui generis, epidérmico, que en cierto momento se denominó nacionalismo revolucionario y adoptó el término «Pueblo trabajador vasco», pero el núcleo duro de su doctrina era el nacionalismo radical. 

Lo que ETA adoptó del socialismo fue más bien el envoltorio, un lenguaje más moderno y presentable que el del aranismo. De hecho, los etarras que más se acercaron al marxismo o abandonaron ETA o acabaron siendo expulsados. Hay un precedente anterior de este fenómeno con Tomás Meabe, discípulo de Sabino Arana, al que este le encargó estudiar la doctrina socialista para combatirla mejor y que acabó convirtiéndose al socialismo, hasta tal punto que fue el fundador de las Juventudes Socialistas de España y uno de los líderes del PSOE vasco más importantes. A algunos etarras les pasó lo mismo. Estudiaron tanto el marxismo que se lo creyeron. Los primeros fueron Eugenio del Río y Patxi Iturrioz, que intentaron que ETA diese un giro a la izquierda, aceptando a todo el proletariado como aliado y no a la burguesía nacionalista. Por este motivo, en la primera parte de la V Asamblea fueron expulsados. Ese es el origen del Movimiento Comunista, por cierto. Y en la VI Asamblea volvió a pasar lo mismo, solo que los que salieron fueron los nacionalistas, que confirmaron ETA V, la que al final se quedó con las históricas siglas.

A estos etarras que se habían introducido tanto en el marxismo la organización les llamaba «deriva españolista». 

Desde la perspectiva de muchos etarras, el comunismo era españolismo. Si aceptas una alianza con alguien de izquierdas que no es nacionalista, si das más peso a las demandas laborales y socioeconómicas que a la patria, si renuncias a la violencia, tú mismo te estás convirtiendo en un español y, por tanto, en traidor. En las publicaciones de ETA aparece claramente: No luchamos contra Franco, luchamos contra España. Era España el enemigo eterno y eso incluía a las fuerzas antifranquistas. Llegaron a decir que, si se proclamase una III República, también lucharían contra ella porque seguiría siendo España. Abandonar postulados nacionalistas era convertirse en el enemigo. A Patxi Iturrioz y Eugenio Río los condenaron a muerte. Pudieron haber estado entre las primeras víctimas de ETA, pero no llegaron a atreverse a dar el paso y matarlos, aunque siguió habiendo propuestas de ejecución en actas de asambleas de los años 69 y 70, después de que hubiera pasado mucho tiempo. En este caso, porque no habían renunciado al nombre ETA, seguían llamándose ETA berri (nueva). 

¿Cómo fue la relación de ETA con CCOO, que fue la oposición a la dictadura más efectiva?

Con diferencia, la mayor obsesión de la policía franquista eran el PCE y CCOO. En el País Vasco, CCOO también fue la organización más fuerte, aunque UGT y ELA mantuvieran cierta presencia y actividad. ETA desde los 60 se quiso acercar al movimiento obrero porque veía que tenían una actividad considerable, organizando huelgas, manifestaciones, etc. Primero, ETA creó el Frente Obrero como si fuese su brazo sindical, pero no funcionó. Así que decidieron crear sus propias CCOO, las COA, Comisiones Obreras Abertzales, que fue el origen de LAB. Fue idea de Pertur.

Una de las primeras víctimas fue Melitón Manzanas. ¿Por qué le hizo el PP un reconocimiento años después? ¿No era un torturador? ¿Era filonazi como se dice?

Hay bastantes mitos en torno a él, pero tenemos varios hechos elementales. Uno, que era jefe de la Brigada de Investigación Social de Guipúzcoa, la policía política de la dictadura que se dedicaba a perseguir y eliminar a la oposición antifranquista. Otro, que ejercía la tortura para arrancar confesiones. Hay testimonios directos de sus víctimas que lo avalan. Ahora bien, a raíz del Proceso de Burgos se inventan ciertos mitos sobre Manzanas que no parecen tener base, como que fue entrenado por la Gestapo. No hay ni un solo documento que lo pruebe, pero como se ha repetido durante cincuenta años y nadie lo ha desmentido, ha quedado. En su momento la intención de ese tipo de propaganda pudo ser desprestigiar al personaje, justificar su asesinato y disimular que ETA había provocado conscientemente una gran ola de represión con aquel atentado, pero hoy no hace falta recurrir a ese tipo de mitos. Desde luego, los historiadores no debemos hacerlo. Era un policía de la secreta de Franco que ejercía de torturador. Está claro lo que hizo en su expediente y en los testimonios que nos han llegado, así que no hace falta inventarse cosas. 

ETA le eligió como primera víctima por su mala fama, porque era una persona odiada por muchos antifranquistas y a la vez un alto cargo policial. Creían que su asesinato iba a provocar una represión indiscriminada y brutal, poniendo en marcha la espiral de acción-reacción-acción que haría estallar una guerra revolucionaria. Hubo represión, pero no guerra revolucionaria. Además, la historia se les torció y unos días antes Etxebarrieta y Sarasketa asesinaron a Pardines, un joven guardia civil de tráfico que no suponía ninguna amenaza. Fue una decisión personal de Etxebarrieta, que desbarató los planes de la organización y que le dejaba en mal lugar tanto a él como a la banda. Por eso tanto ETA como sus apologistas han tenido que maquillar y manipular ese episodio para presentarlo de una manera más favorable. Así nos han llegado leyendas, como que hubo un duelo del oeste entre Pardines y Etxebarrieta, que no tienen ninguna tiene base documental. 

Tras el asesinato de Pardines y la muerte de Etxebarrieta en un enfrentamiento con dos guardias civiles, ETA retomó el plan original y fue a por José María Junquera, jefe de la BPS de Bilbao, que se libró porque no estaba, y de Manzanas. El atentado contra Manzanas fue un éxito y, tal y como se esperaba, activó una represión sin precedentes. El PNV, sin embargo, se negó a creer que nacionalistas vascos hubiesen recurrido al asesinato e introdujo la versión de que a Manzanas lo había matado un carabinero despechado porque se había acostado con su mujer. ETA se vio obligada a sacar otro comunicado desmintiendo al PNV. Para ellos era muy importante reivindicar que ese era su primer asesinato, obviando a Pardines. 

Por supuesto, el franquismo también tenía la costumbre de mentir. La prensa legal presentó a Manzanas como una persona muy querida en la provincia, lo que sabemos que no puede ser verdad, como mucho le querrían los franquistas guipuzcoanos, que también los había, claro. 

Manzanas fue, consecutivamente, victimario del franquismo y víctima del terrorismo. Es un caso complejo, como el del almirante Carrero Blanco o el de los miembros de ETA asesinados por los GAL y sus prolegómenos. Yo creo que, cuando existen pruebas de que un individuo reúne la doble condición de victimario y víctima, hay que dejar constancia de ambas facetas, asumiendo los claroscuros del personaje. También creo que, como nos recuerda Reyes Mate, hay que reconocer a todas y cada una de las víctimas. Y esa máxima incluye a los victimarios-víctimas.

No obstante, y aquí va una opinión exclusivamente mía, personal, creo que es conveniente establecer un límite a la memoria pública. Dado que es imposible separar las dos facetas que conjugan, es mejor evitar los monumentos conmemorativos, las medallas o los actos en honor de los victimarios-víctimas que en vida fueron altos cargos de la dictadura franquista o miembros de una banda terrorista. Homenajearlos supone no solo ocultar las sombras de estos personajes y revictimizar a sus víctimas, sino también transmitir un mensaje peligrosamente antidemocrático a las nuevas generaciones.

Gaizka Fernández Soldevilla

El asesinato de Argala no es muy conocido. Se suele decir que Carrero voló, pero no se habla de que el terrorista que acabó con él, Argala, sufrió exactamente el mismo destino en una operación parapolicial… En una entrevista que hizo Antonio Rubio al militar que llevó a cabo esta operación dijo que había sido un plan del hijo de Carrero…

Según esa entrevista, quienes planearon el atentado eran militares que actuaban por su cuenta, pero los autores materiales fueron ultraderechistas extranjeros contratados como mercenarios. Lo iban a hacer en el aniversario del magnicidio, pero falló un día, porque Argala no bajó al coche, y lo hicieron al siguiente. Por desgracia, más allá de este tipo de testimonios, que habría que contrastar, no hay pruebas sólidas de nada. Ese asesinato ocurrió en diciembre del 78, así que quedan cinco años para que podamos acceder a la documentación del caso y comprobar hasta qué punto estuvieron implicados altos oficiales y qué cobertura tenían. De cualquier modo, creo que aquí podemos hablar de terrorismo parapolicial.

El atentado fue trascendente porque acabó con el jefe supremo de ETA militar, que era la banda terrorista más fuerte de las que operaban en España. No obstante, lejos de debilitarla, produjo consecuencias imprevisibles. Por un lado, y así lo atestiguan personas como Mario Onaindia, desapareció un líder con el prestigio suficiente como para hablar y tomar ciertas decisiones importantes. Por otro, esta organización mató muchísimo más después del asesinato de Argala, ya que sus años más mortíferos fueron 1979 y 1980. Por último, Yoyes, que era la mano derecha de Argala, decidió abandonar las filas de ETA. 

Por cierto, aquí aplicó exactamente lo mismo que he dicho con Manzanas. Argala también era un victimario-víctima. Merece ser reconocido como víctima, pero no homenajeado. 

¿Cuál fue la relación de la Iglesia vasca con ETA?

No es cierto el mito de que ETA naciera en un seminario, pero es innegable que una pequeña parte de la Iglesia vasca estuvo orbitando en torno a ETA desde el principio. Algunos sacerdotes prestaron iglesias para hacer asambleas e incluso ayudaron a escapar a ciertos etarras. Por ejemplo, a Miguel Echevarría, alias ‘Mecagüen’, después de asesinar a sangre fría a un taxista, Fermín Monasterio, que se negó a llevarlo a Burgos desde Bilbao, le ayudaron curas a salir del país. También ha habido curas que mataron. Por ejemplo, el que en enero de 1979 asesinó en el bar de su mujer a Félix de Diego, el antiguo compañero de Pardines, era un sacerdote de la orden de los Capuchinos, Fernando Arburua, alias ‘Igeldo’. 

Ahora bien, no conviene exagerar. La mayoría de los religiosos no estaban con ETA. Como la sociedad vasca, la Iglesia era muy plural y albergaba diferentes sensibilidades, incluyendo en sus filas a nacionalistas, obreristas, franquistas o apolíticos. 

El franquismo no estaba preparado para combatir a ETA y en la oleada represiva que desató, cometió barbaridades de toda clase, incluida profanación de iglesias…

La primera gran amenaza que tuvo el franquismo fue el maquis, una guerrilla rural, que acabó derrotada. Así que al principio las Fuerzas de Orden Público aplicaron la misma receta que habían utilizado contra los maquis para luchar contra ETA. Era una táctica brutal, redadas en las que detenían a doscientos para conseguir a uno, violencia, malos tratos, tortura, allanamientos de morada… Resultaba precisamente lo que ETA quería. Formaba parte de la estrategia de acción-reacción que la organización había aprobado en la IV Asamblea y confirmado en la V Asamblea: provocar una represión cada vez mayor y más indiscriminada mediante continuos atentados terroristas, para que así la población viese con mayor hostilidad al régimen franquista y se divorciase totalmente de él. El objetivo final era que la gente se uniese a una guerra revolucionaria, que evidentemente estaría dirigida por la propia ETA.

La represión no solo coadyuvó hasta cierto punto a los planes de la banda, sino que, además, es que no funcionaba. Detener a cien para conseguir a uno es la mejor manera para que escape ese uno y noventa y nueve se vuelvan contra ti. A la Policía y a la Guardia Civil, así como al servicio secreto, que estaban mal pagados, mal entrenados y peor dotados de medios materiales y humanos, les costó mucho modernizarse y profesionalizarse. Los mayores logros policiales durante el franquismo fueron la detención de la cúpula de ETA en 1969, algunas operaciones del comisario Pepe Sainz y la operación Lobo en 1975. Hasta bien entrada la transición democrática, ya con Juan José Rosón como ministro del Interior, no se registraron cambios significativos ni se dota a los agentes de medios, ni se mejora en las labores de inteligencia, investigar bien primero y actuar después. 

Esta cuestión nos ayuda a colocar a los cuerpos policiales del franquismo en perspectiva. Quizá eran eficaces dando porrazos y disolviendo manifestaciones con brutalidad, espiando a los curas o infiltrándose en grupos estudiantiles y sindicales, pero no eran capaces de desactivar a las bandas terroristas. Es llamativo si lo comparamos con lo que ocurría en el bloque del Este. Ahí la policía política, para desgracia de los que la padecieron, funcionaba bastante mejor. No podías montar un grupo opositor y mucho menos terrorista, en cuanto dabas un paso ya estabas desarticulado. Por eso hubo terrorismo en Europa occidental, pero no en la URSS y sus satélites.

Y en los grupos que hubieran, la mitad de los militantes también eran la policía secreta.

Sí, había informantes por todos lados. Como explica José M. Faraldo en sus trabajos, su capacidad de control era impresionante. En España la dictadura franquista no tenía esa capacidad, lo cual no disminuye ni un ápice su inmoralidad y la tragedia que supuso la represión.

El objetivo de ETA, la acción-reacción, que aumentase la represión del franquismo, se alcanzó con creces entonces.

Era una táctica copiada del Tercer Mundo. Provocar mediante atentados la represión, porque además sabían que no iba a ir contra ellos, sino contra toda la población. Por lo tanto, el siguiente atentado se leería como una respuesta a la represión, con lo que aumentaría la simpatía por ETA, lo que desencadenaría a su vez más represión, etc. Una espiral que iría creciendo hasta la guerra revolucionaria. Y es cierto que la primera parte funcionó, pero la guerra revolucionaria no estalló nunca y ETA se tuvo que conformar con ser solo una banda terrorista. 

Ampliaron las bases de simpatizantes.

Ciertamente, la represión y ciertos atentados ayudaron a que en determinados ámbitos se llegase a ver a ETA como un mesías armado. Es interesante aquí el trabajo de Jesús Casquete, como su libro En el nombre de Euskal Herria.

Al margen de la policía, cuando entran los Guerrilleros de Cristo Rey, o eso que se llamaba, «incontrolados», tuvo que ser maravilloso. Fascistas desatados agrediendo a todo el que cogían por la calle, quemando librerías, pegando a todos los que estuvieran en un bar…

Tiene mucho que ver con la crisis del franquismo. Durante los primeros años setenta se hace cada vez más evidente que el Gobierno está perdiendo el control de las fábricas, de los barrios, ¡incluso de la Iglesia! El crecimiento de la oposición antifranquista, que es cada vez más dinámica, hace que aumente la represión policial, pero ya no funciona como antes. No consigue desactivarla. 

Por otro lado, crece el enfrentamiento entre familias del régimen. Los ultrafranquistas exigen mano dura y acusan al Gobierno, del que han sido marginados, de permitir la liberalización de la sociedad, que creen paso previo para la imposición del comunismo. Llegó un momento en que se sienten traicionados. En 1974, Blas Piñar rompió públicamente con el presidente Arias Navarro, algo impensable hasta entonces. El discurso del odio de este y otros personajes similares alimentó la aparición de los «incontrolados» y de los Guerrilleros de Cristo Rey, que al principio perpetraron un terrorismo de baja intensidad, pero tras la muerte de Franco se desató el terrorismo de extrema derecha que pretendía desactivar la transición democrática. Este tipo de violencia causó más de 60 víctimas mortales, siendo sus años más letales 1979 y 1980. Evidentemente el terrorismo ultraderechista actuaba a la vez que el de extrema izquierda, el de ETA e incluso el internacional, aprovechándose de la debilidad de un Estado de derecho que estaba democratizándose.

Dicho lo cual, en Italia y Gran Bretaña pasaba lo mismo, es decir, estaban pasando también por unos auténticos años de plomo. En nuestro contexto, está el paso de una dictadura a una democracia que tarda en consolidarse, pero sin este marco, en el resto de Europa estaban en las mismas con terrorismo de extrema izquierda y de extrema derecha. Cuando se analiza la historia de España un error habitual es olvidar el contexto europeo. 

Bueno, es que España llegó a ser santuario de extremas derechas, de los que escapaban por atentados cometidos en Italia, de los franceses de Argelia… que, de hecho, de ahí se alimentaron de mercenarios los GAL y grupos de este tipo.

La dictadura franquista llevaba recibiendo y protegiendo a huidos nazis y de extrema derecha desde el final de la II Guerra Mundial. Y luego, efectivamente, a la OAS, que se fundó en Madrid, y a neofascistas italianos y de otras latitudes. Por eso, luego, cuando España pide que se extradite a los etarras, incluso aquellos que cometen crímenes tan sangrientos como la masacre de la cafetería Rolando, las autoridades francesas se niegan. Por desgracia, nuestros vecinos no cambiaron de actitud hasta bien entrados los años ochenta. 

ETA estuvo a punto de atentar contra Juan Carlos y Sofía en Mónaco.

Esta historia la ha contado bien Óscar Beltrán de Otálora. El plan era que, en la Costa Azul, iban a secuestrar el barco de los príncipes, pero al final fue don Juan de Borbón. La idea era intercambiarlos por presos de ETA, amenazando con asesinar a don Juan. Ahora bien, uno de los etarras, Jokin Azaola, pensó que era imposible que el Gobierno accediese a esa exigencia, por lo que no iba a quedar más remedio que matar a los secuestrados. Si llegaban a ese punto se iba a crear un problema muy grave, que potencialmente podía acabar provocando muchas muertes, así que Azaola tomó una decisión valiente pero muy arriesgada. Hizo un pactó con las autoridades españolas. Les dio la información del plan a cambio de que no hubiera detenciones. Y así fue. Apareció la policía, se suspendió la operación y no se detuvo a nadie. Años después, ya en diciembre de 1978, cuando Azaola había vuelto a casa y rehecho su vida gracias a la amnistía, ETA militar descubrió quién era y lo asesinó. 

Gaizka Fernández Soldevilla

El atentado de la Cafetería Rolando contó con una red en Madrid dirigida por Eva Forest en la cual ETA recibió ayuda y apoyo de personas generalmente vinculadas a partidos escindidos del PCE.

Según se desprende del sumario, Eva Forest engañó a  un pequeño grupo de personas que se situaban más bien en la extrema izquierda. Les dijo que estaba creando un grupo nuevo, pero alguno se llegó a dar cuenta. Eva Forest engañó a pobres diablos, a un estudiante, a un obrero que hizo un zulo… Forest les iba contando una milonga y los iba utilizando. 

¿De dónde venía, por qué hacía esto? 

La llamaban La Tupamara. Es una médico que venía del PCE, pero que se había desligado del partido. Estaba fascinada por la violencia. Conoció a Argala en Madrid en alguna fiesta, se enamoró de ETA y se ofreció para ayudar a la banda, como quizá se podía haber unido a cualquier otra cosa. Su papel fue clave entre los años 73 y 74 para la infraestructura de ETA en Madrid, lo que les permitiría tanto el asesinato de Carrero como el atentado de la Cafetería Rolando. 

En la Cafetería Rolando no se sabe si ella fijó el objetivo, pero el hecho contrastado es que a los dos etarras que pusieron la bomba es Eva Forest la que les lleva ella hasta allí y luego les recoge. Uno era vasco-francés y la otra una francesa hija de exiliados españoles. Utilizaron a dos extranjeros para que no se les pudiera reconocer, por eso era tan importante guiarles y llevarles. En el sumario, que recoge la investigación policial, quedan claros todos los pasos que dieron y en todos estaba Forest. No puso la bomba, pero sin ella no habría estallado esa bomba. 

Que mató a muchísima gente que no tenía nada que ver.

La idea era increíblemente estúpida, incluso desde el punto de vista de los terroristas. La cafetería fue escogida como blanco porque estaba cerca de la Dirección General de Seguridad y, por tanto, algunos policías iban a tomarse el café ahí. No obstante, estaba a dos pasos de Sol y era un local barato, así que también iban trabajadores, estudiantes, turistas y cualquiera. El frente militar de ETA calculó que matarían a muchos policías de una sola tacada, pero de los doce que murieron aquel día ninguno era policía. Solo la décimo tercera víctima mortal lo era, el inspector Félix Ayuso Pinel, que falleció en enero de 1977 por las heridas. 

Había hasta una pareja celebrando su luna de miel.

Sí, y estudiantes, algún trabajador. Según el sumario, hubo 73 heridos de diversa consideración. La cafetería estaba conectada con otra, El Tobogán, por un pasillo subterráneo y la onda expansiva llegó también allí. Fue una pifia terrible a ojos de la propia ETA. Además, lo había planificado el frente militar de la organización sin consultárselo a la dirección. Esto generó una discusión muy dura dentro de ETA. Había salido mal y a nivel de publicidad era lo peor que podía pasar, era justo lo contrario que había ocurrido con Carrero. 

Este enfrentamiento dentro de ETA fue muy interesante. El frente militar quería reclamar la masacre, pero la dirección dijo que no se podía admitir, que había que negarla. Por eso el primer comunicado fue muy confuso, de «no somos nosotros, pero estamos de acuerdo con el planteamiento». Luego sacaron otro comunicado en el que le echaban la culpa a la extrema derecha. Un atentado de falsa bandera de manual. Y no fue la última vez que ETA mintió así, desde luego. 

Significativamente, el PCE aceptó esa versión, probablemente para librarse de las falsas acusaciones que al principio lanzaron las autoridades policiales, que aprovecharon que Eva Forest y otras personas habían sido comunistas para vincular al PCE y ETA. Pasaron muchos años hasta que ETA reconoció que este atentado era suyo. Al final, hubo unas consecuencias que conviene subrayar. Quizá la más importante, en el ámbito de la historia del terrorismo, fue el cisma de ETA, que se dividió en dos ramas, ETA militar y ETA político-militar. 

Cuando Sastre y Forest luego se instalan ya para siempre en el País Vasco, en el entorno abertzale, qué era ¿una huida hacia delante?

Tenían muchos muertos y mucha gente que fue a la cárcel y sufrió torturas por su culpa. Lidia Falcón, por ejemplo, que simplemente le había dejado las llaves de su casa a quien considerado su amiga, acabó presa por el asesinato de trece personas y la torturó Billy El Niño. Todos ellos fueron excarcelados en 1977, sin haber sido juzgados. Es un poco raro que no lo hicieran si desde el 74 tenían detenida a Eva Forest, que era la principal cómplice, pero tal vez estuvieran esperando a coger a los autores materiales de la masacre. Las autoridades policiales sabían sus nombres y apellidos y su domicilio, pero Francia se negó a autorizar su extradición. De cualquier manera, como dices, a partir de entonces Sastre y Forest se adhieren fielmente al nacionalismo vasco radical que gira en torno a ETA.

Cuál fue el papel de Pertur, todavía no está resuelto lo que le pasó.

En 1974, ETA se dividió. ETA militar quería ser solo terrorista y ETA político-militar, que entonces era la mayoritaria, prefería combinar terrorismo con política y lucha obrera. En el 76, ETA (pm) tenía a Lobo infiltrado y desmonta buena parte de la organización, caen hasta los jefes Iñaki Pérez Beotegi, Wilson, e Iñaki Mujika Arregi, Ezkerra. Además, lo de hacer huelgas desde el frente obrero de ETA no funciona. Entonces, se queda solo Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur, consciente de que el modelo no funcionaba y de que las circunstancias políticas están cambiando, que probablemente España se convierta en una democracia homologable con las de Europa occidental.

Así que Pertur propuso medidas para que el nacionalismo vasco radical se adaptase a la nueva coyuntura. Por un lado, planteó que se impulsaran organismos sectoriales que retasen a los que pivotaban en torno al PCE y la extrema izquierda. El más duradero sería LAB. Por otro lado, planteó que se creara un partido de corte bolchevique para ejercer de vanguardia dirigente de la izquierda abertzale. Esta formación debía aprovechar todos los resortes de la futura democracia burguesa, incluyendo las urnas. Para hacerlo con garantías, era indispensable forjar una entente con la extrema izquierda. Por último, Pertur quería que ETA (pm) renunciase a su anterior protagonismo y se subordinase al partido. 

La facción más nacionalista y pretoriana de ETA (pm), los berezis, consideraron su proyecto una traición «liquidacionista». Al fin y al cabo, hasta entonces siempre había mandado ETA y, dentro de ETA, el frente militar. Como me contó Valentín Solagaistua, cuando había una disputa dentro de ETA se imponía siempre el «cojonímetro». El que ponía la pistola más grande encima de la mesa, ganaba. 

En julio de 1976, Pertur desapareció en el País Vasco francés. Todavía no sabemos si le mató un comando parapolicial o los berezis, que no tardaron en escindirse. Parte de ellos se integró en ETA militar.  

Con todo, dos meses después sus ideas fueron ratificadas en la VII Asamblea de ETA (pm). Así, la organización y su entorno fundaron Euskal Iraultzarako Alderdia (EIA, Partido para la Revolución Vasca). Íntimamente vinculada a los polimilis, la formación aunaba nacionalismo radical y leninismo, si bien estaban matizados por un incipiente posibilismo. Gracias a la tolerancia del Gobierno de Adolfo Suárez, EIA hizo su presentación pública en la localidad vizcaína de Gallarta en abril de 1977. Siguiendo el plan de Pertur, el partido tejió alianzas con la extrema izquierda y participó en las elecciones que el presidente Suárez había convocado para junio de ese mismo año.

La estrategia de ETA durante esa transición que comenzaba en el 76 era tensionar la situación de tal manera que se produjera un golpe de Estado que validase sus tesis.

Hay tres ETA en ese momento. Los Comandos Autónomos Anticapitalistas, que no tienen una estrategia compartida. Luego está ETA (pm), cuya estrategia es apoyar las acciones del partido, del sindicato y de los movimientos sociales a su manera. Y luego está ETA (m), que es la que más mata con diferencia. Descartada la estrategia de acción-reacción, que se ha visto no funciona, la banda apostó por lo que llamaban guerra de desgaste. Se trataba de asesinar al mayor número posible de policías, guardias civiles y militares para alimentar el ruido de sables en los cuarteles. No se trataba de provocar un golpe de Estado, sino de hacerlo creíble: ETA (m) contaba con que, para evitar tal tesitura, el Gobierno Suárez acabaría cediendo a su chantaje.

De hecho, tras el 23F, ETA (pm) paralizó todos los atentados que tenía pensados. Incluido uno contra Landelino Lavilla, el presidente del Congreso de los Diputados, y soltaron a los cónsules que habían secuestrado. Se dieron cuenta de que los atentados habían alimentado las tramas golpistas y declararon una tregua. Pero ETA (m) dijo que no, que no dejaba de matar. 

Que sepamos, hasta el 81 hubo un mínimo de tres intentos, Galaxia, Torres Rojas y Tejero.

Aunque evidentemente la ideología ultraderechista ya la traía el golpismo de serie, el teniente coronel Tejero había estado destinado en Guipúzcoa y parece que los atentados de los que eran objeto los guardias civiles le marcaron mucho. No es un caso único. La estrategia de guerra prolongada de ETA (m) funcionaba. Parte de la justificación del 23F fue el terrorismo. 

La teoría del autogolpe del 23F sale de ETA y, mira, décadas después es la más extendida

ETA (m) y su entorno, HB, consideraban que España no era una democracia, sino una dictadura encubierta. Así que el golpe de Estado les sorprende y son incapaces tanto de hacer algo para oponerse como de interpretarlo correctamente, porque asumir lo que había pasado suponía corregir su muy distorsionada visión de la cosa. Así que se tienen que inventar una pirueta retórica que es lo del autogolpe. Es llamativo que hoy se hayan rescatado conceptos que ya que por aquel entonces era evidente que eran pura propaganda. 

Hay una frase del ultraderechista Ernesto Milá sobre ese periodo: «Lo único que garantizaba que la ultraderecha regresara nuevamente a un poder compartido era persistir —qué duro es reconocerlo hoy— en la división de la sociedad española en dos bloques y lanzar uno contra otro». El Frente de la Juventud siguió, decía, la «tradición falangista de preguerra».

Creo que a su estrategia la llamaba «Fractura Vertical del Sistema». Desde su perspectiva la vía electoral que intentaba Blas Piñar iba a fracasar, lo que efectivamente ocurrió en 1982. Por otro lado, la democracia se estaba convirtiendo poco a poco en una democracia homologable con Europa, lo que presagiaba cierta estabilidad, España iba a ser un país tan normal como nuestros vecinos, y a la extrema derecha eso no le interesaba en absoluto. Para detener la transición y volver hacia atrás en el tiempo necesitaba provocar una ruptura radical entre la izquierda y la derecha, acabar con los consensos y con el debate civilizado en las Cortes, y forzar un nuevo conflicto civil y, por ende, un golpe de Estado. Por suerte, no lo consiguieron.

También hay que tener en cuenta que, si bien es indiscutible que Ernesto Milà tenía capacidad teórica y elaboraba documentos con cierto peso, es muy dudoso que el grueso de la extrema derecha siguiera la estrategia que había ideado o cualquier otra mínimamente coherente. Con la excepción del efímero Frente de la Juventud, que nunca se consolidó, se trataba de un mundo disperso y mal organizado. Nunca hubo una organización similar a ETA o los GRAPO en la ultraderecha.

Gaizka Fernández Soldevilla

En el libro que coordinas, 1980. El terrorismo contra la transición, Xavier Casals escribe sobre los atentados de Atocha que los asesinos habían ido antes a un despacho de UGT, pero se lo encontraron vacío,  por lo que la motivación de los asesinatos era simplemente buscar la agitación, desestabilizar… 

Y oportunismo. Los terroristas muchas veces son oportunistas, eligen un objetivo porque estaba desprotegido, porque se lo han encontrado… Aunque otra tesis sobre ese atentado lo vincula a la desintegración del Sindicato Vertical y el conflicto del transporte. En el libro de Manuel Gallego sobre este caso, en el que ha manejado el sumario, se menciona que la extrema derecha, que está integrada en el Vertical, ve cómo los sindicatos de clase están siendo legitimados por el poder ejecutivo y ellos están perdiendo. Hay que recordar que el Sindicato Vertical era una megaempresa para toda España que, con la inminente llegada de la democracia, se iba ya deshaciendo y la forma de vida, el puesto de trabajo, todo, de muchas personas estaba amenazado. Entonces, a través de la extrema derecha actuaron a la desesperada, pero consiguiendo lo contrario de lo que buscaban. En este caso, se legaliza el PCE. 

Dice Casals, y creo que tiene razón, que a menudo el terrorismo consigue justo lo contrario de lo que busca. Los atentados de extrema derecha y extrema izquierda ni resucitaron al franquismo ni implantaron una dictadura de corte soviético, sino que desprestigiaron a esos sectores políticos, a Fuerza Nueva o al PCE (r).

La amnistía total del 77, promovida por Julio Jáuregui, del PNV, como «el perdón de todos para todos«, en palabras que también empleó Xavier Arzallus. Ahora parece que el PNV no tiene la misma visión de sus propios actos. Era una amnistía concebida para acabar con el terrorismo de una vez por todas, pero no acabó con él. A las pocas horas de salir de la cárcel, los etarras vuelven a atentar. 

La amnistía era algo que todo el antifranquismo llevaba reclamando desde hacía muchos años. Y se pedía para todos los presos políticos, incluidos los que tenían delitos de sangre. Había presos políticos por delitos que hoy no lo serían, como manifestarse o ir a la huelga, pero se pedía hacer tabla rasa con todos. Hubo varios indultos hasta que, ya en las Cortes Constituyentes, UCD se sumó y se pudo redactar la Ley de amnistía. Por cierto, que la amnistía no fue total. Por ejemplo, no se les concedió a los terroristas ultras que habían asesinado a los abogados de Atocha. 

La extrema derecha se dejó fuera con un diseño muy específico de la ley para que no pudieran acogerse.

Efectivamente. Se incluye lo que habían hecho los funcionarios franquistas y los miembros de ETA. Desde el punto de vista de los partidos de izquierdas, los nacionalistas y UCD, eso era lo importante, porque se pensaba que serviría para sellar la definitiva reconciliación entre las «dos Españas« y, a la vez, ser la pista de aterrizaje de ETA. De hecho, se amnistiaron crímenes de ETA cometidos después de la fecha de la ley, como el asesinato de Javier de Ybarra. En aquel momento todavía se creía que ETA había tomado las armas contra Franco y, sin él, ya no había motivos para seguir matando, pero no era así. ETA no se había creado contra Franco, cuando murió le dio igual y la democracia le dio igual.

La autodisolución no entraba en los planes de ninguna de las ramas de ETA. Al día siguiente de que el Consejo de ministros ratificase el proyecto de Ley, los milis asesinaron al presidente de la Diputación de Vizcaya, y a los dos guardias civiles que le escoltaban. Y menos de una semana después de la excarcelación del último preso etarra,  otro comando acabó con la vida del concejal de Irún, Julio Martínez. En definitiva, la amnistía no sirvió para desactivar el terrorismo. Es más, probablemente tuvo el efecto contrario, pudo hacer creer a ETA que podía arrancar concesiones incluso más importantes si subía el nivel de violencia.

Son cambios, incluso sociales, impuestos por lo que has denominado antes «el cojonímetro». La sociedad, abertzales incluidos, por un momento puede creer que ya se ha acabado, pero el que manda decide que se sigue y todos a obedecer o a ponerse detrás.

El asesinato de Unceta produjo tal consternación que incluso la prensa afín a la izquierda abertzale, el diario Egin y el semanario Punto y Hora de Euskal Herria, emitió una enérgica condena, que fue rápidamente neutralizada por ETA y no se volvería a repetir. El modelo de Pertur era que ETA mandase y ETA (pm) lo acataba, pero el de ETA (m) era que la vanguardia armada tomaba las decisiones y que el resto del movimiento se callaba y obedecía. Y así fue hasta el siglo XXI.

Vanguardia armada elegida por sí misma.

En el comunismo la vanguardia es el partido, pero en el nacionalismo vasco radical lo era la banda terrorista. El resto de organismos, los medios de comunicación, los partidos, el sindicato, los movimientos sociales, etc… no eran más que subordinados. Y, el que disentía, era expulsado o silenciado. Se ve perfectamente en las actas de KAS. Todo lo decidía el comité ejecutivo. No volvió a haber una crítica a ETA hasta el atentado de Hipercor. 

Ahí Txomin Ziluaga rogó que «ETA se tomase unos meses de vacaciones».

Era el secretario general de HASI, el partido más importante de la coalición Herri Batasuna. Pero aquella crítica le costó el puesto. Ante el peligro de que el partido estuviese tratando de recuperar cierto grado de autonomía, la dirección de la banda, encabezada por Josu Urrutikoetxea (Josu Ternera), decretó que Ziluaga fuera destituido de su cargo y después, expulsado. Le acompañó casi la mitad de la militancia de HASI, que prefirió no dar a conocer las causas de la crisis. Pura omertá​.

En Catalunya CiU asumió muchos cargos, alcaldes, del franquismo ¿el PNV también?

Sí. Y HB. José Luis Elkoro había sido alcalde de Vergara. Y Tomás Alba, por ejemplo, era un concejal de San Sebastián, que luego fue asesinado por la extrema derecha en 1979. Antes, había sido concejal durante el franquismo, pero eso no significaba que fueras franquista, porque se podía ser elegido por el Tercio Familiar. Muchos cargos del PNV también venían del Tercio Familiar, no sé si tantos como de CiU. De cualquier modo, el nacionalismo tiene la ventaja de que cuando te reconoces como tal o te conviertes, se te perdonan los pecados anteriores. Tabula rasa. 

¿Por qué el PNV se abstuvo en la aprobación de la Constitución si Arzallus dijo que era objetivamente «más positiva» que la de la II República? ¿Tuvo que ver con ETA?

No creo. El PNV siempre ha tenido una estrategia de ambigüedad calculada, lo que Santi de Pablo, Ludger Mees y José Antonio Rodríguez Ranz han llamado «el péndulo patriótico». Así como el nacionalismo radical siempre ha tenido claro que está en contra de España, haga lo que haga, porque siempre será su enemigo, el PNV ha tenido una línea de «estoy dentro pero estoy fuera», «no vamos a votar no, porque nos beneficia, pero no la vamos a apoyar porque perdemos el argumento». Nunca han estado ni muy a favor ni muy en contra de nada y les ha funcionado. Aparte, aunque ETA pesara, el PNV tenía mucho más poder electoral y político. Hay que tener en cuenta que al PNV le podía votar mucha gente, y le sigue votando, que solo es de derechas, no son nacionalistas. A HB solo les votaban los muy convencidos de la causa. 

UCD fue diezmada en el País Vasco.

Tanto UCD como AP tuvieron problemas desde el principio a la hora de conseguir candidatos a pesar de que representaba a una parte importante de la sociedad vasca y navarra. El nacionalismo radical les presionó mucho y acabó asesinando a sus militantes. Esto provocó que un campo político que representaba a una parte importante de la población, quedase reducido a mínimos. 

La operación tuvo dos consecuencias inmediatas. Por un lado, la práctica desaparición del espacio político de derecha no abertzale en el País Vasco, que no volvió a despuntar hasta mediados de los años noventa, lo que cercenó el pluralismo y las libertades democráticas. Por otro, entre los vascos no nacionalistas se hizo patente el miedo a hablar de política, lo que indujo a una espiral de silencio: el discurso abertzale se hizo hegemónico mientras las voces críticas se acallaban. Ese fenómeno todavía no ha desaparecido en Euskadi.

Gaizka Fernández Soldevilla

Cuando se disuelve ETA (pm) te fascinó el fenómeno para analizar el cómo se deja de odiar.

Hoy se habla mucho de la radicalización, pero el caso de Euzkadiko Ezkerra es el de gente que proviene de un nacionalismo muy radical, muchos de ellos han sido terroristas, muy sectarios, pero que descubren la democracia parlamentaria. Entraron en ella, y cuando estás en el Congreso al lado de un señor, con el que tienes que discutir una ley o llegar a un acuerdo, tus dogmas políticos empiezan a deshacerse. Ves que la democracia funciona, que se pueden ir consiguiendo cosas, y te das cuenta de que la violencia es inútil. Es preciso tener en cuenta que en este mundo se rechazó la violencia antes por inútil que por inmoral, pero luego se dio también ese paso. 

Esto tarda años, empieza en el 76 con Pertur, que introduce algunas herramientas que años después permitirán abandonar la violencia. Y, una vez la gente de EE se libra del lastre de ETA (pm), comienza un proceso de desacralización de la patria, de acabar con los mitos del nacionalismo dentro del propio nacionalismo, que José Luis de la Granja calificó como heterodoxo, autonomista e integrador, que es lo más alejado de la doctrina de Sabino Arana. Ese proceso se fue acelerando con Mario Onaindia e intelectuales de la talla de Jon Juaristi. Gente que lee, reflexiona, que hace autocrítica, algo que los políticos no suelen hacer, y se dan cuenta de que los mitos que han mantenido no se sostienen. Creo que el de Euzkadiko Ezkerra fue un caso excepcional. Ahora no hay en España grupos no ya que abandonen el radicalismo sino que se atrevan a evolucionar ideológicamente. 

¿Recibieron amenazas?

Sí, los entre 250 y 300 etarras que entre 1982 y 1985 abandonaron la violencia, recibieron amenazas, pintadas, daños en el coche, incluso agresiones físicas. El pacto al que habían llegado Rosón y Onaindia era que ETA (pm) dejaba las armas a cambio de una amnistía encubierta, que pagaron las víctimas, como siempre. Desde la perspectiva de ETA (m), ese proceso de reinserción era peligrosísimo, ya que podía suponer una tentación tanto para los terroristas en activo como para los presos. Solo se les pedía que renunciaran a la violencia y podían volver a casa. Había que torpedear el acuerdo, así que en el periódico Egin se publicaron listas de los que habían aceptado la reinserción y se les comparó con los colaboradores de la justicia italiana, los mal llamados pentiti, una fórmula para reducir pena que se empleó en Italia a la que se acogieron primero los de las Brigadas Rojas y luego los de la mafia. La diferencia es que en Italia se exigía que colaborasen con las justicia pero a los polimilis no se les pidió nada de eso. Solo que dejasen de matar.

Reinares habló en su libro Patriotas de la muerte de que lo que motivaba a los terroristas era el odio. Se habla mucho ahora de esta palabra, como fenómeno del fanatismo, ¿no es también una faceta acomodaticia, pertenencia al grupo, obedecer la ley del más fuerte para no complicarse, ahorrarse pensar y estar bien posicionado y a salvo…?

Para matar a una persona necesitas odiar y odiar muchísimo. Acabar con una vida humana va en contra de toda la educación moral que hemos recibido. No es nada fácil romper esas barreras. Para hacerlo, alguien tiene que adoctrinarte, radicalizarte, enseñarte a odiar hasta el extremo de legitimar la violencia. Esa violencia puede estar dirigida contra un chivo expiatorio, con un personaje al que le echas la culpa de tu frustración, de todo lo malo que te pasa o le pasa a la comunidad en la que vives. Pueden ser los rojos, los policías, los judíos, los negros, los croatas, los serbios, los ucranianos… cuando te han enseñado que si algo no va bien en tu vida es por culpa de estos, los tendrás que odiar. La deshumanización del otro, la manipulación histórica, todo eso es gasolina para el odio. Creo que es muy difícil que haya algún terrorista que mate sin odiar, porque, como recuerda Luis de la Corte, no están perturbados, no están locos. No lo están más que la media.

El argumento del ruido de sables es de ida y vuelta. Entrelíneas, cuando lees sobre el origen del GAL, siempre aparece que se organizó, permitió o se hizo la «vista gorda» como solución última por el famoso ruido de sables. 

Hay que diferenciar. Hay atentados, como el asesinato de Argala, que es un ejemplo perfecto del terrorismo parapolicial que hubo durante la transición. Se trataba de una violencia que buscaba neutralizar a ETA con sus propias armas, probablemente ejercida por ultraderechistas que actuaban como mercenarios. ¿Quién les pagó? ¿Quién estuvo detrás? Se suele señalar a unos u otros, pero a nivel judicial no hay nada, no hay sentencia, así que carecemos de certezas más allá de algunos testimonios que ya hemos mencionado. Tampoco hay una organización propiamente dicha. 

Las siglas, como las del Batallón Vasco Español, se usaban como una mera cobertura. Se cometen atentados diferentes y, aunque se empleé el mismo nombre, los terroristas no tienen nada que ver entre sí. También se ha dicho que estos grupos fueron financiados por empresarios vascos, pero no hay pruebas. Solo podemos decir que la extrema derecha en Madrid y Barcelona técnicamente era muy primitiva, cuando actuaba en Francia era más sofisticada. Amedo cuenta en uno de sus libros que en un atentado en el sur de Francia en el 76 lo cometen policías de Bilbao enfadados por un atentado de ETA, que cogen y cruzan la frontera individualmente. 

Entrevisté a Martín Villa y me dijo que si bien no depuraron la policía, si prejubilaron, cambiaron destinos e hicieron sus apaños para quitarse a los más problemáticos. Aun así, con González seguía habiendo gente por inercia de este tipo y encima eran los que más sabían del tema. Hubo varios planes de reforma, como el famoso plan ZEN, que era más propagandístico que otra cosa y no se materializó. El GAL empezó en octubre de 1983, a raíz del secuestro y asesinato del capitán Alberto Martín Barrios. Se reactivó el terrorismo parapolicial bajo esas siglas, aunque incluso algunos de los autores materiales fueran los mismos de antes, como era el caso del francés Jean-Pierre Cherid. 

Está probado judicialmente que los GAL estuvieron financiados y patrocinados por los más altos cargos del Ministerio de Interior. El ministro José Barrionuevo y su secretario de Estado, Rafael Vera, recurrieron a mercenarios y agentes de la ley como el inspector de la Policía Nacional José Amedo o el comandante de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo, con la colaboración directa de autoridades políticas como los gobernadores civiles de Vizcaya y Guipúzcoa.

Durante los años ochenta, los GAL asesinaron a 27 personas, a las que habría que sumar otras dos víctimas mortales más producidas en 1989, cuando ese grupo ya habían desaparecido. Fue un gran error. Primero, por los asesinatos a personas que lo que debían haber sido es juzgadas y a otras que no tenían nada que ver con ETA, y luego porque deslegitimaron al Estado, que un Ministerio del Interior cometa crímenes es muy grave.

En definitiva, así como con los GAL sí tenemos bastantes certezas, no ocurre lo mismo con sus prolegómenos, el terrorismo parapolicial de la transición. Hasta que no sea accesible la documentación relacionada con estos casos, si es que no ha sido purgada, solo se pueden hacer conjeturas. 

Lo que se suele discutir es si el GAL sirvió para que Francia se decidiera a cooperar con España en materia antiterrorista.

Un expolimili me contó que en 1983, durante el secuestro del capitán de Farmacia Martín Barrios, un policía francés fue a buscarle y le advirtió que o decían donde estaba o iban a dejar actuar a los barbouzes (los barbudos) las fuerzas parapoliciales que tenían ellos. Porque las autoridades francesas podían aceptar que los etarras hicieran lo que quisieran en España y luego tomaran vinos en Francia, pero no que actuaran en su terreno y creían que el secuestrado estaba allí.

El polimili pasó el mensaje, pero los secuestradores asesinaron a Martín Barrios. En ese momento se reactivó el terrorismo parapolicial en Francia y es cierto que en el 87, cuando se acaba, París ya había cambiado su actitud. Ahora bien, es imposible establecer una relación de causa-efecto directa entre el terrorismo de los GAL y los acuerdos entre ambos países, porque sería simplificarlo todo demasiado. No se pueden obviar factores fundamentales como el buen entendimiento entre socialistas franceses y españoles. Por ejemplo, los acuerdos de la Castellana datan de una fecha tan temprana como junio de 1984.

En los años 80 otro fenómeno apreciable en ETA fue que, cuando se han sentido débiles, han causado más daño. De ahí los atentados con bombas más indiscriminados en el centro de Madrid, Hipercor y demás. 

Desde su perspectiva, la pistola era un método selectivo, entre comillas, porque se aseguraban el objetivo, pero también mucho más arriesgado para el asesino, que corría el riesgo de que le reconociesen o le detuviesen. Menos expuesto eran las bombas lapa que se colocaban bajo los coches. Se corría el peligro de matar a los escoltas o al chófer, pero era algo que nunca le preocupó a la banda. No obstante, el número de víctimas era limitado. La única manera de matar a muchas personas a la vez eran los atentados indiscriminados, pero, con excepciones, siempre fuera de Euskadi, durante sus primeros años ETA solía evitarlos.

A mediados de los ochenta los etarras estaban bastante debilitados por la acción policial. Si querían seguir manteniendo el nivel de violencia, tenían que realizar los atentados con menos terroristas y a menor coste en cuanto a detenciones. La solución fueron los coches bomba en Madrid y Barcelona. Eran ciudades con más objetivos potenciales, en las que era fácil pasar desapercibidos y, además, se trataba de los dos centros de España, por lo que los atentados tendrían mayor repercusión mediática. 

La clave es que la atención de los medios de comunicación es esencial para los terroristas, lo cual puede tener consecuencias muy dramáticas para el resto de la sociedad. Un polimili me contó la decepción que le supuso preguntarle a su pareja qué le había parecido un atentado que habían hecho y comprobar que no se había enterado, momento en el que decidió ponerse a hacer algo que nunca hubiera hecho nadie antes, en su caso, matar a un político, a uno de UCD. También hubo casos de atracos a bancos, recibir un chivatazo de que va a haber dinero en una sucursal, llegar un comando de ETA (pm) y robarlo, se presenta la Guardia Civil y, cuando están haciendo el atestado, aparecer ETA (m) también a atracar el banco, con la casualidad de ir disfrazados de Guardias Civiles. Hubo un tiroteo y murió un agente. Competían por la atención, por el dinero y por todo y, a mediados de los ochenta, a ETA (m) los atentados con coche bomba también le pareció una forma de atraer la atención de los medios y, por tanto, de la ciudadanía y de la clase política. 

En las negociaciones que se produjeron en los años 80 con el Gobierno, ETA interpretaba que cuanto más matase, más podría obtener de ellas, pero ese era el motivo por el que los políticos al final se tenían que levantar de la mesa.

La máxima de nunca negociar con terroristas es por algo. ETA siempre percibió el hecho de que el Gobierno quisiera negociar como una debilidad por su parte. Los terroristas pensaban que la violencia había hecho mella a las autoridades y que, por tanto, podían pedir más y más. Luego, cuando las negociaciones no llegaban a nada y se rompían, casi les servían como aliciente para golpear más fuerte. Por eso, quitando el acuerdo entre Rosón y Onaindia, en el que se renunció a las contrapartidas políticas desde el principio, todas las negociaciones que hubo con ETA acabaron siendo perjudiciales, porque animaron a la banda a matar más. 

Dentro de las víctimas que se produjeron dentro del País Vasco, en un análisis pormenorizado, se puede comprobar que la mayoría de ellas eran inmigrantes.

Pero ese dato no se refiere al conjunto de los atentados de ETA, sino solo a la Campaña Antichivatos que tuvo lugar durante el tardofranquismo y la transición. ETA (m) anunció que iba a matar a todas las personas que colaborasen con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Cualquiera que tuviese relación con, por ejemplo, un Guardia Civil o un policía, se convertía en objetivo. Eso iba por policías municipales, camareros, taxistas, tenderos o incluso enterradores, pero también por quienes tuviesen una relación amistosa. Era la forma que emplearon para aislar a los agentes y a sus familias, que hasta entonces vivían en el País Vasco de una manera no muy diferente a lo que ocurría en el resto de España. Pero eso, de repente, cambia. La gente empieza a evitarlos por miedo a ser señalados o algo peor. Y se crean guetos. Este fue un éxito parcial de ETA. 

Ellos mismos, cuando empezó esa campaña, dijeron que no estaba dirigida contra los miles inmigrantes que habían venido de la España rural en busca de trabajo y que ya conformaban una parte importantísima de la población vasca. Sin embargo, el 65% de las víctimas mortales de esta operación eran inmigrantes. No parece casualidad. La antropóloga noruega Marianne Heiberg relató que durante su estancia en Elgueta, entre 1975 y 1977, se redactaron dos listas de colaboradores policiales, a los que se suponía ETA iba a asesinar. En una de ellas había 33 personas, de las cuales 28 eran inmigrantes. Fue una manera de mantener el control social sobre un colectivo, el de los inmigrantes, del que ETA desconfiaba.

Gaizka Fernández Soldevilla

La campaña contra la heroína, en la que ETA actuó como juez, parte y verdugo, también le costó la vida a mucha gente. Además, primero llegaba la muerte física y, después, la difamación para justificarlo, la muerte civil.

En el Centro Memorial tenemos mensajes que los colaboradores de ETA la mandaban para señalarle posibles objetivos. Algo terrible. Se trataba de gente aparentemente normal, compañeros de trabajo o vecinos, que te saludaban todos los días pero luego apuntaban a qué hora pasabas el perro, por dónde tomabas los vinos, qué turnos tenías, cuál era la matrícula de tu coche…Y esa información acababa en los comandos, que eran los que mataban. Los cómplices de ETA no se manchaban las manos, no tenían relación directa con la banda y normalmente no pagaron por sus crímenes. «Este es traficante», «este es un chivato», «este es no sé qué…». El origen de las acusaciones podía estar en hablar con un policía o haber sido visto fumando porros o simplemente que le caías mal a la persona equivocada. Esa sospecha de un vecino ya era suficiente para que te pudiesen matar. El poder en un pueblo de estos chivatos era temible. 

La campaña contra la droga, que comenzó en 1980, no fue invención de ETA (m), sino que la copiaron del IRA. La intención de los terroristas era doble. Por un lado, echar la culpa a la policía del consumo de droga en Euskadi, diciendo que la estaban introduciendo los agentes para acabar con los jóvenes vascos. Evidentemente era pura propaganda que ocultaba que la droga era un fenómeno que ocurría en toda España, pero todavía hay quien defiende esa teoría de la conspiración. Por otro lado, el objetivo de ETA era que se les viera como una organización que también prestaba un servicio positivo a la sociedad, como una especie de policía paralela. Lo cuenta muy bien Pablo García Varela en su libro ETA y la conspiración de la heroína que ha cuantificado sus víctimas. Mataron a más de cuarenta personas a las que acusaban de narcotraficantes y cosas así, pero normalmente no eran más que pobres yonquis o camareros o alguien que había tenido la mala suerte de ser señalado por un vecino de HB, por las causas que fueran.

Una leyenda urbana delirante, pero un académico como Monedero la iba difundiendo. 

Que algo así lo haga Fermín Muguruza, que siempre ha estado en la órbita de ese mundo, es comprensible, porque quiere justificar su pasado personal y el del nacionalismo radical. Pero me pareció más chocante que un profesor universitario como Monedero se dedique a difundir un mito del que no hay absolutamente ninguna prueba. Dice mucho de su rigor académico. 

Porque sí hubo Guardias Civiles que traficaron con drogas, pero con ánimo de lucro.

García Varela demuestra en su tesis perfectamente cuál es el origen de la teoría, que era muy vieja, había aparecido décadas atrás en Estados Unidos. Luego llegó a Europa occidental, y viajó de un país a otro, transformándose con variantes locales, a cada cual más loca. Hasta la empleó el franquismo, que dijo que el opio que entraba en España lo introducía la China comunista. Siempre se echa la culpa a un factor externo, casualmente un enemigo político, que introduce la droga, en lugar de asumir que el narcotráfico lo realizan criminales comunes que buscan su beneficio y que tienen más éxito en ciertas circunstancias, como las de las zonas que atraviesan crisis. Nadie introdujo droga en España si no fue para lucrarse. La hubo en el País Vasco, también en Cantabria, Logroño, Madrid, Barcelona… en todas partes. Y, como en cualquier otro país, donde hay droga, dinero fácil y mafias, también suele haber agentes de la ley corruptos. 

¿Qué pasa en la comunidad académica para que un bulo tan grosero se difunda?

Es muy irresponsable, desde mi punto de vista, propagar bulos de este estilo sin analizar las fuentes y la bibliografía seria sobre el tema, como los libros de Juan Carlos Usó y Pablo García Varela, porque estás dando por buenos mitos que no se sostienen y manipulando la historia. Además, es un error que pone en entredicho el resto de tu trabajo académico. En este caso, creo que tiene que ver con el afán de una parte de la nueva izquierda de deslegitimar la transición a cualquier precio, incluyendo mentir o reciclar mitos que creó la propia ETA. 

ETA ahí como think tank de izquierda alternativa.

Entiendo que la nueva izquierda tiene que competir con la izquierda tradicional, la que hizo la transición, y para ello emplea cualquier arma a su alcance, como términos tan burdos como el de «régimen del 78» y cosas así. Cree que hace falta deslegitimar todo lo anterior para crear una nueva legitimidad. A mí me parece un error, porque para defender un proyecto político no es necesario manipular la historia, pero la política es la política y es un campo que me resulta ajeno. Ahora bien, el ámbito académico es otra cosa. Ese es otro plano en el que lo que debe primar es el trabajo científico riguroso. Para sostener algo tienes que haber buscado fuentes contrastadas y fiables, y en este caso no las hay. 

¿Qué fue Mendeku? 

Era un grupúsculo de radicales que pretendía imitar a ETA y se había autodenominado así, que en euskera significa Venganza. 

Este comando Mendeku quemó la casa del pueblo de Portugalete con los militantes socialistas dentro.

En efecto, atacaron con cócteles molotov la Casa del Pueblo de Portugalete, en la que se encontraba una quincena de personas. Y murieron dos: Félix Peña Mazagatos y Maite Torrano Francia. Es uno de los casos de grupos de jóvenes que intentan hacer méritos para entrar en ETA. Hay varios parecidos. Euskadiko Iraultzaile Ekintza (Acción Revolucionaria de Euskadi), que actuó en Navarra. O KIBAETAM, los Comandos Independientes Especiales de Apoyo a ETA (m), que reivindicaron el asesinato de Jeanine Pueyo y al año siguiente secuestraron a Roberto Lertxundi, secretario general del Partido Comunista de Euskadi. 

Un suceso recordado de los 80 fue el asesinato de Dolores González, Yoyes. Eugenio Etxebeste (Antxon) escribió sobre ella: «el nuevo ser que come y respira no es más que un producto inanimado de la ciencia política imperialista, su máximo castigo habrá de llegarle si antes no actúa la violencia revolucionaria, el día en que su hijo le arroje a su propia cara el desprecio de su traición». Luego Antón López Ruíz, alias Kubati, la tiroteó en plena calle ¿Era un mensaje a los que podían acogerse a las amnistías encubiertas? El PSOE indultó a 258 ex miembros de ETA en esa década. Más adelante, el dirigente de HB, Iñaki Aldekoa dijo: «cualquier ejército del mundo en un estado de confrontación no puede permitirse que uno de sus jefes de estado mayor aparezca paseando por territorio ocupado por el ejército contrario». ¿Su delito, a ojos de ETA, fue simplemente volver a vivir a su casa?

Un delito que ya habían cometido cientos de miembros de ETA sin que les pasara absolutamente nada. Desde la amnistía, muchos habían vuelto a España y habían rehecho su vida. Algunos se habían integrado en la izquierda abertzale y otros, como Yoyes, no. Ella quería vivir su vida de forma independiente, no quería que la utilizasen. Supongo que, si hubiera querido ser candidata de HB, todo habría sido distinto. 

¿Cuál fue el motivo del atentado? ¿Por qué le matan a ella, pero no a otros que habían hecho lo mismo? Por un lado, Yoyes era una figura simbólica de primer orden porque había estado en el Comité Ejecutivo de ETA (m). Las palabras de Iñaki Aldekoa reflejan que su presencia en su pueblo demostraría que no había guerra alguna. Por otro lado, la cúpula etarra no le había dado permiso para volver a casa, por lo que su decisión fue interpretada como un desafío a la cadena de mando. Por último, la ejecución ejemplarizante de Yoyes suponía una clara advertencia a cualquier miembro de la banda que se plantease aceptar las medidas de reinserción individual que promovía el Gobierno de Felipe González. El terror aplicado a los propios terroristas abortó aquella vía, que ETA entendía como un peligro para su supervivencia orgánica. Le recordaron a su gente que si tomaban decisiones individuales al margen de ellos, podían morir. Y funcionó. Muchos se echaron atrás. 

ETA seguía gobernada por la ley del más fuerte.

En una organización dedicada a matar, es normal que se acaben imponiendo los más duros. No los que cometen asesinatos con sus manos, sino los autores intelectuales. ETA al principio tenía varios frentes, el cultural, el obrero, la oficina política, etc. Pero la ETA (m) que se crea en 1974 ya es otra cosa, es una banda terrorista centrada únicamente en cometer atentados. Todo lo demás lo externaliza en organismos que aparentemente tienen vida autónoma, pero que en realidad están totalmente controlados por ETA y la obedecen servilmente. Y tienes a Herri Batasuna, Egin, Hasi, Lab, las Herriko Tabernas, todo está subordinado a ETA. Son peones que tienen muy claro quién manda. Ese modelo funciona, en cuanto no hay disidencias serias, pero impide que ese mundo evolucione y se adapte a las circunstancias.

Gesto por la paz fue una ruptura en la dinámica social.

Durante la transición ya hubo ciertas muestras de pacifismo, como la carta de los intelectuales de 1980 y algunas iniciativas populares, pero habían sido bastante tímidas por el miedo que había impuesto ETA (m). En 1986 gente, sobre todo mujeres, que se movía en ambientes cristianos y de izquierdas, creó Gesto por la paz. Y eso fue un cambio importante porque se trataba de una iniciativa de la sociedad civil. Eran ciudadanos valientes que querían hacer algo y decidieron que, cada vez que había un asesinato, saldrían con pancartas para hacer visible su oposición al terrorismo, rompiendo la espiral de silencio. Las encuestas demostraban que la sociedad vasca estaba contra ETA, pero que no se manifestaba. Gesto va cambiando eso poquito a poquito, abriendo espacios. Luego irían apareciendo otros grupos, como la Asociación por la Paz, la Asociación Pro Derechos Humanos, Denon Artean, Bakea Orain y Elkarri.

¿Sufrieron presiones?

Enormes, brutales. Insultos, amenazas, escupitajos, pedradas, carteles, pintadas, seguimientos… Cuando los pacifistas convocaban una concentración para pedir el fin de la violencia, el entorno de ETA convocaba otra enfrente, una concentración antipacifista, para presionarles y defender el terrorismo. Eso sí que era un hecho diferencial vasco. No creo que algo así fuese concebible en el resto de España, donde la democracia y la convivencia pudieron consolidarse bastante antes que en Euskadi.
Yo he visto estas cosas en Bilbao, que era una gran ciudad, pero la situación en los pueblos era muchísimo peor, porque todos se conocían. Y a los pacifistas les hacían la vida imposible. Amenazas, escupitajos, pintadas. En cada manifestación, se ponía otra enfrente antipacifista, no sé si en Europa se habrá visto alguna vez algo parecido. Les tiraban mecheros, de todo. Les sacaban fotos y les seguían hasta el portal de su casa. Esto en un pueblo imagina el significado que tenía, era muy difícil de aguantar. Por eso hubo gente como Patxi Elola había estado en ETA, era polimili, que se situaba al frente de las pancartas de Gesto por la paz. No creo que ellos acabaran con ETA, pero sí salvaron a la sociedad vasca desde un punto de vista moral. Fue una minoría pequeña, pero activa, que dio la cara cuando muy poca gente lo hacía. Aguantaron, aguantaron y aguantaron hasta Miguel Ángel Blanco. Su historia la cuenta muy bien Irene Moreno en su tesis doctoral.

Mientras estos cristianos de base hacían esto ¿qué hacía la jerarquía eclesiástica?

A veces se hacen juicios de brocha gorda con la Iglesia y es injusto. No todos los obispos actuaron igual. Ahora bien, alguno desde luego tuvo un nivel de comprensión inaudito con los terroristas y sus aliados y una actitud muy poco cristiana con las víctimas del terrorismo. Es muy llamativo, a mí me sigue pareciendo brutal, no se podían hacer funerales por las víctimas en muchas iglesias. El papel de obispos como Setién fue de una moralidad muy cuestionable. En fin, nada diferente a lo que ha ocurrido en otras sociedades marcadas por la violencia organizada, como Sicilia. En la isla hubo sacerdotes afiliados a la mafia, incluso como capos locales, desde el siglo XIX. Y muchos obispos han sido tolerantes con la mafia, cuya mera existencia se negaban a reconocer.

Al final, muchos fenómenos no son autóctonos, sino más bien humanos.

Por ejemplo, la extorsión. Una de las fuentes de financiación de mafia es el pizzo: la extorsión a empresarios y profesionales. ¿Qué diferencia hay con el impuesto revolucionario de ETA? Pero hay muchos más paralelismos, claro. La omertá es lo mismo que la ley de silencio que impuso el nacionalismo vasco radical. Al mafioso le llaman soldato, que en euskera traduciríamos como gudari. Si es arrestado, se le despide como a un benefactor del pueblo y se le rinde homenaje, como a los etarras. ¿Qué diferencia hay entre el rock radical y los narcocorridos? ¿Y entre los asesinatos de los mafiosos y los de los terroristas? Independientemente de sus fines, casi todas las organizaciones clandestinas que emplean la violencia sistemática se parecen. Como poco, generan dinámicas similares, dañan la economía, degradan la democracia, causan miedo y dolor, acaban con vidas humanas… 

El 92 lo señalaron para ser especialmente sangriento por el significado que tenía para España, una fecha en la que se quiso simbolizar el éxito de la democracia. En los tres primeros meses, mataron a 20 personas, pero las Fuerzas de Seguridad lograron detenerles…

Venían del fracaso de las conversaciones de Argel. ETA estaba convencida de que, si quería volver a sentar al Gobierno, era imprescindible hacer mucho daño y 1992 era su gran oportunidad, porque se iban a celebrar en España tanto los Juegos Olímpicos como la Expo. Así que, como dices, ETA comenzó el año dejando un reguero de sangre: en los tres primeros meses hubo 19 víctimas mortales. Ahora bien, las FCSE neutralizaron su ofensiva. Desmantelaron el comando Bizkaia, el comando Mugarri y una red de extorsión. Y en marzo de 1992, la cúpula de ETA fue detenida en un caserío de Bidart. Los sustitutos de los jefes de la banda corrieron exactamente la misma suerte. La organización entró en una crisis gravísima. No solo había perdido a sus jefes y sus comandos operativos, sino que se había desvanecido el mito de que era indestructible. Es la primera vez en la que se empieza a pensar que era posible la derrota policial y judicial de ETA.

Entonces decidieron «socializar el sufrimiento».

Se trataba de compensar su enorme debilidad. Fue una estrategia doble. Por un lado, el viejo proyecto de crear un frente con el PNV y EA, excluyendo a los vascos no nacionalistas. Y esta vez el PNV aceptó, porque había políticos como Ibarretxe, mucho más dispuesto a escucharles que los líderes del PNV de los años anteriores. La otra parte de la estrategia fue la socialización del sufrimiento. ETA había matado policías, militares y guardia civiles y, por desgracia, la sociedad lo había asumido como algo casi normal. Tampoco valía para presionar al Gobierno. Por eso ahora había que poner en la diana a un perfil que no se pudiera defender y que causara mucho más impacto político y mediático. Así fueron asesinados políticos, periodistas, profesores… 

El primero, en 1995, fue Gregorio Ordóñez, que era el candidato del PP que según las encuestas iba a ganar las elecciones municipales de San Sebastián. Incluso a las bases de la izquierda abertzale les costó digerir esa nueva estrategia, hacía mucho tiempo que no hacían algo así, pero ETA tenía claro que la violencia terrorista no debía venderse como un problema de ellos contra la Guardia Civil, sino como un conflicto que afectaba a todos. En ese momento, hasta el último concejal de Sevilla era su objetivo. Además, para disimular su escasa capacidad, se dio más protagonismo a la kale borroka. 

En cuanto al PNV, en ese momento, según contó Koldo San Sebastián en Deia, en una asamblea del PNV, se «produjeron momentos muy tensos. Había quienes pensaban que, efectivamente, sin ETA nos convertiríamos en una fuerza vulgar».

La UCD había sido barrida, pero de repente el PP empezaba a subir con mucha fuerza. HB estaba estancada o bajando, el PNV no subía. El nacionalismo parecía en declive y ETA cada vez más débil. Se creía posible un cambio de ciclo y hubo miedo, eso explicó por qué aceptó el PNV el Pacto de Estella. Tenían miedo de perder la hegemonía. Dejaron su histórica entente con el PSOE y se aliaron con el nacionalismo radical, un error político que a largo plazo les salió muy mal, porque el entorno de ETA no era un socio fiable. Evidentemente, podía haber nacionalistas bienintencionados que tenían la esperanza de que ese pacto serviría de pista de aterrizaje para ETA, pero ahora sabemos que la banda no lo veía así en absoluto y que incluso aprovechó la tregua para armarse y prepararse para nuevos atentados. Además de las víctimas, lo peor fue que a nivel social hubo una gran polarización. Si con el Pacto de Ajuria Enea la sociedad vasca se había dividido entre una mayoría de demócratas y una minoría violentos, lo que acorraló a HB, con el Pacto de Estella a la ciudadanía se la dividió entre nacionalistas y no nacionalistas, con un foso en el medio en el que no se podía construir nada. 

Un poco antes del Pacto de Estella, se vieron las imágenes impresionantes de la liberación de Ortega Lara. Parece que luego el asesinato de Miguel Ángel Blanco fue en venganza por esa liberación. 

La liberación de Ortega Lara fue vista como una derrota por ETA. Así que buscaron la forma más rápida de vengarse y recuperar su imagen. Buscaron un objetivo fácil, un concejal anónimo del PP, de un pueblo, sin escolta, que no se iba a defender, que tenía una rutina clara. No le mataron por ser Miguel Ángel Blanco, sino porque era un objetivo sencillo. Dieron un plazo para que el Gobierno cumpliera unas peticiones inasumibles y ahí cometieron un error estratégico enorme. Esa crueldad generó justo lo contrario de lo que buscaban. Se encontraron con manifestaciones masivas en Euskadi. 

Muchísimos vascos perdieron el miedo y salieron a la calle para decir «no en mi nombre». Evidentemente esto fue posible por el trabajo previo que habían hecho Gesto por la Paz y el resto de pacifistas. Y ETA va y encima lo mata. Consiguió que los vascos se rebelaran contra el terrorismo y contra el nacionalismo radical que le servía de cobertura. ETA no había calculado esa reacción, porque se creía sus propias mentiras, eso de que actuaba en nombre del pueblo vasco. Pero con las calles llenas de gente gritando «ETA no», hasta el más fanático tenía que admitir en su fuero interno que el pueblo vasco no aceptaba que ETA hablase ni matase en su nombre. Fue una derrota moral. 

Después mató comunistas, como Jáuregui y Lacalle… 

Recuerdo también el atentado contra José Ramón Recalde, que había sido uno de los dirigentes más destacados de la oposición a la dictadura en Guipúzcoa. La propia ETA dijo que sí, que tenía un pasado antifranquista, pero que ahora era un enemigo de Euskal Herria, así que era lícito matarlo. Probablemente, la ETA de los años 70 y 80 no se habría atrevido a atentar contra un antiguo antifranquista por si sus bases no lo entendían, pero en el año 2000 les daba igual. Así que asesinaron a José Luis López de Lacalle, Francisco Tomás y Valiente, Fernando Múgica, Fernando Buesa, Ernest Lluch, Juan María Jáuregui…

El fenómeno paralelo al descenso de atentados mortales fue el ascenso de la kale borroka. Entre el 95 y 99 se disparó el número de jóvenes quemando autobuses, librerías, bares, sedes políticas… ETA tenía que llenar los periódicos y ella sola ya no podía, por eso recurrió a estas tropas auxiliares, auténticos escuadristas, que también servían de iniciación para reclutar terroristas el día de mañana. 

¿Qué importancia tuvo el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo de 2000, de no politizar el terrorismo, derrotarlo con el estado de derecho solo, al que el PNV no se sumó?

Fue clave en la derrota de ETA, que fue la consecuencia de tres elementos exitosos. Uno, la vía policial. Dos, la vía judicial. Tres, la política, es decir, la Ley de Partidos. 

Ratificada por el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos.

Exacto. Los partidos democráticos acordaron que, en vez de tirarse los trastos a la cabeza con lo referente al terrorismo, iban a llegar a un gran pacto que permitiese dotar de las herramientas necesarias para acabar con la banda. La Ley de Partidos ilegalizó el brazo político de ETA y eso le hizo mucho daño. Dejó de tener representantes en los ayuntamientos, diputaciones, Parlamento vasco y Congreso, y surgieron alternativas nacionalistas, pero que no tenían absolutamente nada que ver con ETA, como Nafarroa Bai y Aralar, que empezaron a ocupar parte del espacio electoral de la izquierda abertzale. Al entorno de ETA esa situación le daba muchísimo miedo, porque podía convertirse en algo marginal en diez años, en una especie de PCE(r). Y el ministro Pérez Rubalcaba lanzó un mensaje muy claro a ese mundo: «o bombas o votos».  Tenían que elegir. Esto, sumado a la acción policial que había puesto a ETA contra las cuerdas, propició la especie de rebelión que hubo después. 

¿Cómo calificas el «ha sido ETA» del 11M? Se intentó instrumentalizar ETA políticamente para otros fines…

La autoría yihadista está clara, los libros de Fernando Reinares lo explican todo perfectamente. Las primeras horas se puede entender que hubiera confusión, yo estaba en Madrid aquel día y también creí que había sido ETA, pero ese mismo día fueron apareciendo indicios que apuntaban en otra dirección, la del yihadismo. Es evidente que el Gobierno obvió la información que le facilitaba la Policía y prefirió culpar a ETA de los atentados. También es evidente que otro sector político intentó vender el 11M como consecuencia directa de la invasión de Irak, lo cual han desmentido los trabajos de Reinares. Y, por terminar, habría que mencionar también las teorías de la conspiración que algunos periodistas se inventaron y propagaron durante mucho tiempo.

Una mujer se suicidó por el acoso que recibió su marido por acusaciones que eran infundadas.

Sí, hubo consecuencias gravísimas. 

Luego Zapatero volvió a negociar con ETA, pero no contó con apoyo de la oposición.

En 2006, por iniciativa de Jesús Eguiguren, se entabló un nuevo diálogo entre ETA y el Gobierno de Zapatero, pero no tardó en hacer aguas. En diciembre de ese mismo año un atentado en el aeropuerto de Barajas dejó dos víctimas mortales y la certeza de que los terroristas no estaban dispuestos a dejar las armas sin contrapartidas políticas. El propio Rubalcaba reconoció que «el proceso de paz se truncó no muy lejos del alto el fuego. Digamos que nunca arrancó del todo, esa es la verdad: nunca despegó del todo». Por consiguiente, no creo que tuviese un peso fundamental. 

Y entonces, dentro de su crueldad, un atentado especialmente cruel. Isaías Carrasco, trabajador de un peaje militante socialista. ¿Fue asesinado como respuesta a estas negociaciones rotas?

No tengo pruebas en ese sentido. Carrasco me imagino que tenía más que ver con el oportunismo, era un objetivo fácil, y además en plena campaña electoral. Aunque la mentalidad de ETA en ese momento podría ser que matando más gente lograría retomar las negociaciones. Hay que pensar que los etarras eran personas que vivían en la clandestinidad, se creían que todo tenía que ver con ellos, y consideraban que matar era enviar un mensaje. 

En las siguientes conversaciones, si no queremos llamarlas negociaciones, qué papel tuvo Otegi. Sabemos que es alguien que con el Estatuto de Gernika, la Constitución aprobada y los polimilis abandonando la violencia, tomó la decisión de seguir con ETA (m).

Otegi estuvo diez años en activo en ETA, entró en el 77 en ETA (pm) y le detuvieron en el 87, ya como miembro de ETA (m). Está condenado por un secuestro, pero no sabemos qué más hizo durante esos diez años. Cuando cumplió la pena que le habían impuesto, se integró en el entorno político de ETA y fue escalando posiciones hasta convertirse en un líder importantísimo, que evidentemente tuvo su papel. Pero hay que contarlo todo para poder entenderlo, como hace Florencio Domínguez en su informe «Las claves de la derrota de ETA».

Entre finales de los años 90 y principios del siglo XXI, la banda había perdido sus apoyos internacionales, su santuario francés, sus armas y explosivos, sus comandos, sus cabecillas y su moral de resistencia. La acción policial y judicial provocó una profunda crisis en la relación entre la banda y su anteriormente servil entorno civil. Si bien ETA seguía apostando por el terrorismo, el sector mayoritario de la izquierda abertzale deseaba volver a la arena pública. Y, como había recalcado Rubalcaba, la condición era el fin de la violencia. En 2009, se inició una lucha por el poder interno en el seno del ultranacionalismo. Por primera vez Otegi y otros políticos se atrevieron a cuestionar el liderazgo de ETA, algo que solo fue posible porque la Policía y la Guardia Civil la habían dejado extremadamente debilitada.

ETA intentó paralizar el debate sobre su continuidad con un atentado. Su plan era hacer estallar un coche bomba en las torres Kio de Madrid en enero de 2010, pero la Guardia Civil lo impidió. Tras aquel fiasco, ETA declaró un «parón técnico» secreto para reorganizarse. No solo fue incapaz de hacerlo, sino que en marzo de 2010 un comando mató al brigadier Jean-Serge Nérin en Francia. Para entonces ETA ya estaba prácticamente acabada. Y al año siguiente lo asumió con el anuncio de «cese definitivo de su actividad armada».

¿Quería que ETA dejase de matar simplemente porque ya no era útil?

Los polimilis en 1982 dejaron de matar porque vieron que ya no servía para nada, no por una reflexión moral. Esta, si viene, suele llegar después. En este caso, llegó desde Euskadiko Ezkerra, que a finales de los 80 sí empezó a hacer autocrítica y fue uno de los partidos promotores del Pacto de Ajuria Enea. En el caso de Bildu, yo todavía no he visto una reflexión moral, pero, sobre todo, no he visto ningún cambio de actitud. 

Han condenado «todo el sufrimiento».

En el País Vasco y Navarra, e incluso en el País Vasco francés, siguen siendo habituales los actos de homenaje a ETA y el enaltecimiento del terrorismo, incluso delante de menores de edad. Lo puedes comprobar en la web del observatorio de la radicalización que gestiona Covite, donde se contabilizan lo actos públicos de culto al terrorista. La izquierda abertzale sigue organizándolos. Esos actos hablan por sí mismos y desmienten cualquier declaración. No solo están mal por inmorales y por revictimizar a las víctimas, sino que suponen mantener un caldo de cultivo del que en el futuro puede rebrotar la violencia política. Habría que terminar con todo eso ya. 

Cuando ETA anunció que lo dejaba definitivamente, quizá el acontecimiento más importante en la historia de la España democrática, pasó desapercibido. Tuvo sus portadas, pero realmente, en la opinión pública, fue una nota al margen. 

Había pasado su tiempo. Era el último grupo terrorista autóctono que quedaba en Europa occidental. En pleno siglo XXI, cuando el resto de la tercera oleada internacional de terrorismo llevaba tiempo cogiendo polvo en el museo de los horrores, los etarras seguían matando en nombre de la patria. La disolución de ETA no era una mala noticia, claro, pero era una noticia que llegaba con décadas de retraso. Podríamos habernos ahorrado cientos de muertos y miles de heridos, todo ese dolor, incluyendo el de los propios etarras y los años que han pasado en la cárcel, porque tuvieron oportunidades de sobra para dejar las armas y no pagar por sus crímenes, como la ley de amnistía de 1977 o el pacto Rosón-Onaindia de 1982. Y las despreciaron. 

¿En qué ha cambiado el País Vasco sin ETA?

Hay políticos, profesores, intelectuales y demás que ya no tiene que llevar escolta. Pueden tener una vida normal porque antes no la tenían. Ya no te queman el coche, te amenazan o te matan por ejercer derechos tan básicos como militar en un partido o expresar tus ideas. Ya no te exigen el «impuesto revolucionario» para pagar armas con las que matar a gente. Ya no te secuestran. Es evidente que la vida ha mejorado y que nos acercamos más a una sociedad democrática, similar a la del resto de España. Ahora bien, quedan bastantes residuos tóxicos. El miedo a hablar de política permanece, al menos entre la gente mayor de 40 años. Siguen ciertas inercias negativas de ETA, el discurso del odio, la intolerancia, el sectarismo, la manipulación de la historia, los actos de homenaje a etarras, algunas agresiones que se siguen produciendo…

¿Ecos?

Más que eso. Hay más de 300 casos de asesinato todavía sin resolver, hay etarras que todavía están huidos de la justicia, sigue la presión contra los miembros de las FCSE y sus familias, los transterrados —los que han dejado Euskadi por el tertorismo—, el dolor de las víctimas…

Jose Mari Esparza, director de Txalaparta, editorial orientada al universo abertzale, dijo: «ganada la batalla de la memoria, habremos ganado todas».

ETA nace con el objetivo de independizar Euskadi, anexionarse Navarra y el País Vasco francés y crear un estado monolingüe en euskera. El hecho es que ETA ha abandonado las armas y no ha logrado su objetivo fundacional. ¿Qué pasa ahora? Hay que maquillar la derrota. Modificar la historia. La gran obsesión desde hace años es manipular la historia para buscarle justificaciones y razones a ETA, decir que la transición y la democracia española son mentira, que la guerra civil fue de España contra los vascos… También, que si ETA lo ha dejado es por convencimiento y cambio de estrategia. 

Hay toda una industria editorial y mediática centrada en el relato abertzale. En inventarlo y difundirlo. Es su obsesión y es importantísimo para ellos. Hay que tener una cosa en cuenta, los exmiembros de ETA. Gente que ha matado, ha estado en la clandestinidad y  ha pasado décadas en la cárcel, objetivamente, para nada. En Irlanda del Norte están igual, hay un libro, No digas nada, en el que se mencionan los casos de algunos terroristas del IRA que mataron siguiendo las órdenes de personas que luego se han buscado una buena vida en la política. Ahora ya no necesitan a esos antiguos terroristas, que están alcoholizados, en pisos de protección oficial, pensando «he asesinado a equis personas porque este me lo mandó, ahora él está pisando moqueta roja y yo aquí sin nada porque acabo de salir de la cárcel y se me ha pasado la vida. ¿Cómo me devuelves mi vida? ¿La he sacrificado para esto?». Esto que hay ahora lo habríamos logrado sin matar a nadie. 

Aquí es igual, por eso ahora los aberzales tienen que venderle a esta gente que su sacrificio ha tenido sentido. Por el lado ético, para explicarse haber cometido la inmoralidad de asesinar a otro ser humano, pero también por el personal, de haber sacrificado su vida. Es importante para su propio mundo legitimar las decisiones históricas que tomaron y salvar su pasado. De otro modo, es muy difícil de digerir. Admitir que has tomado decisiones erróneas y que todos esos años de cárcel se podían haber ahorrado…. Si nos ponemos por un momento en el lugar del etarra, cabría preguntarse ¿para qué he asesinado y me he jodido la vida, para que los políticos vayan a Madrid a negociar el presupuesto? Eso ya lo teníamos en el 77.

Gaizka Fernández Soldevilla

Gaizka Fernández Soldevilla: «ETA no se creó contra Franco, la democracia le dio igual»