#NoLesCreemosNada #NoAdhieroAlFeriado #NoSomosBoludos

Paradoja, casualidad o ironía del destino, es la banda más kirchnerista del país la que cantó durante años aquello de “Me voy corriendo a ver qué escribe en mi pared la tribu de mi calle”.

De las crípticas frases de Los Redonditos de Ricota, esta es quizás una de las más comprensibles: “Me voy corriendo a ver qué escribe en mi pared la tribu de mi calle”.

Para entender qué está pasando el Indio Solari sale corriendo a ver qué se dice de lo que está pasando.

Más claro aún: todo lo que pasa es también la interpretación de todo lo que pasa.  

Ahora bien, si es cierto que hoy los paredones anárquicos de las pintadas son las redes sociales, quizá sea interesante salir corriendo a ver qué escriben en las redes la tribu de mi calle.

El viernes, el día en que los canales de cable informativos -en los demás, apenas los noticieros daban cuenta de lo que pasaba-, las radios y los diarios mostraban un monolítico discurso sobre lo ocurrido en la noche del jueves con la vicepresidenta, hubo tres reacciones casi antagónicas:

  1. La oposición, desde el ex presidente Macri para abajo -de manera sincera o por evidente compromiso, vaya uno a saber- salió en masa a buscar su patente de responsable repudiando el hecho.
  2. El oficialismo, desde el dicen que presidente para abajo salió a tirar patadas a mansalva hacia la oposición, los medios y la justicia.
  3. En las redes sociales explotaron tres hashtags que contradecían profundamente las dos reacciones anteriores.

En la red más comprometida con la realidad social y política, Twitter, con insolencia caótica, con incorrección abismal, a veces hasta con tosquedad furiosa, los tres primeros hashtags -ese término que lleva adelante un # que agrupa a todos los comentarios del mismo tema- fueron

  1. #NoLesCreemosNADA
  2. #NoAdhieroAlFeriado
  3. #NoSomosBoludos

Si el hecho es el hecho y la interpretación del hecho, acá hay algo para ver.

Una parte no menor de la población se sintió estos días en la obligación de decir “conmigo no” a toda la clase dirigencial, con honrosas excepciones.

El feriado imprevisto y extemporáneo decretado por un casi presidente casi a medianoche metió a la población en miles de problemas. Con mucha más rapidez que la búsqueda de esclarecimiento del hecho se nos mandó a los ¿45 millones? (no sabemos cuántos, porque también el Censo está mal hecho y no hay datos un mes después del plazo que habían dado para que hubiera datos) se nos mandó, decía, a reflexionar.

Se decretó de golpe y porrazo una jornada de coso, para que militantes, organizaciones sociales, empleados públicos y simpatizantes del partido gobernante de la ciudad de Buenos Aires y alrededores fueran a Plaza de Mayo.

Así, el estudio médico de una señora de Wanda en Misiones, las clases escolares de los chicos de Trelew en Chubut y la reunión de trabajo de una fábrica en Las Parejas en Santa Fe, estuvieron en riesgo o debieron posponerse porque se decretó un feriado que liberó de sus -en muchos casos- escasas actividades a decenas de miles de porteños y bonaerenses para que vayan a la plaza.

En la vida real, los trabajadores y estudiantes con dos o tres horas de viaje hasta sus labores, fueron el viernes a cumplir sus tareas porque como se levantan a las 4 de la mañana, no tienen tiempo para ver cadenas nacionales a la medianoche. Laburan, estudian, no pierden el tiempo en “discursos del odio”.

Quizás la pareja de Fabiola no tuvo en cuenta -no tiene cómo, porque no le afecta a él ni a n adie que él conozca- que el viernes era 2 del mes, de un mes que vino después de un mes de 180 días y que muchos aún no habían cobrado y no tenían un peso desde la segunda semana de agosto.

¿Cuánto miles de argentinos hoy están pasando el fin de semana sin un peso por el feriado espontáneo?

¿Más o menos que los que fueron a la plaza?

¿A quién le importan?

¿Quiénes son “los nadies” que menta Grabuá?

¿Los que trabajaron todo el mes e iban a cobrar el viernes y ahora esperan hasta el lunes, siempre y cuando no les tire un paro el Palazzo de la bancaria o los que, obedientes, fueron con las banderas a la plaza?

Quizás estos cientos de miles de problemas ocasionados por el feriado súbito en algo ayude a entender por qué escriben en las redes lo que escriben en las redes las tribus de mi calle.

Igual, tampoco es que hiciera falta ver Twitter para comprobar que la adhesión al feriado (¿entendemos que estamos en un país en el cual a los feriados uno se siente en la obligación de “adherir” o “no adherir”? ¿Cómo es que se “adhiere a un feriado”? Bueno, en ese nivel de locura estamos), decía que con sólo caminar por cualquier calle de esta ciudad alejada de Plaza de Mayo o de cualquier otra parte de Argentina se respiraba el aire de un país que quiere vivir en paz y que necesita trabajar para poder comer.

¿Y por qué tanta gente no cree que el atentado haya sido verdadero? (Abriendo el paraguas: no es tema de esta nota si fue o no fue verdadero, ahí están las imágenes, ahí está la Justicia, no es un simple escriba de un diario mendocino quien debe decidirlo; acá se habla de lo que escribe en la pared la tribu de mi calle).

Porque gran parte de la sociedad está cansada del psicopateo.

Porque es muy mediocre todo el zafarrancho que rodea lo ocurrido; por la falta de claridad de cada una de las secuencias de los hechos; por la magnitud de la ineficacia del operativo de seguridad; porque el “loquito” y su novia eran extras del programa de un señor de Crónica TV al que ¡echaron de C5N por provocador!; porque el arma presenta más dudas que certezas; porque ni siquiera se sabe si el arma que estaba en la calle es la que tenía el agresor; bueno, porque la persona a la que le pusieron “un arma en la cabeza” ni se dio cuenta y siguió sonriendo durante un rato largo.

Y porque encima hay que aguantar que si alguien hace mención a esto, salen los Crisbelievers a acusarlo de “sommeliers de respuesta a atentados”.

No dejan lugar para ninguna duda.

Son Aldo Rico diciendo que la duda es la jactancia de los intelectuales.

El problema es que ahora esto lo afirman quienes se perciben intelectuales. En el mar de ideas que naufraga esta gente, la duda es odio.

Porque incluso con 55 peritos que aseguraron que Santiago Maldonado murió ahogado a poco de salir corriendo, en muchas escuelas -públicas y privadas- aún figura su cara y los maestros hablan a sus alumnos de que no está claro qué ocurrió.

Fueron tres meses intensos con médicos que llamaban entre sus pacientes a Maldonado en sus turnos; miles de almas sensibles que posteaban en redes “soy fulano de tal, estoy en tal lado y no sé dónde está Santiago”; personalidades de toda laya con cara de culo y el cartelito “dónde está Santiago” que hoy pueden ser vistos como un intento de golpe de Estado en donde prácticamente toda la oposición de aquél momento y casi la totalidad del periodismo, la academia, los intelectuales, los gremios, los artistas no dudaron en culpar al gobierno de Cambiemos como secuestrador y asesino de un pobre artesano.

Porque incluso con las víctimas denunciando a cámara que fueron torturadas por Milagro Sala, desde el presidente para abajo insisten en nombrarla “presa política”; siempre con el acompañamiento, claro, de intelectuales, gremios, etc.

Porque mientras la población corre detrás del precio del aceite, de la leche, de la yerba y las conversaciones cotidianas en este país descendente, son otra vez sobre el precio del pan, los huevos o el dulce de leche, hay que soportar a la chirimbaina de Marcó del Pont diciendo: “No hay ajuste sino una desaceleración en el crecimiento real del gasto”.

Porque mientras padres y demás familiares de chiquitos con discapacidad pasan días enteros bajo la lluvia en Plaza de Mayo pidiendo por sus servicios indispensables no sólo para aliviar dolores sino simplemente, para vivir, desde esto que dicen que es un gobierno se pasan la pelota de uno a otro: “¿Esto es un recorte, señor? No, no es un recorte, caballero, es un coso, queda claro. ¿Y quién se hace responsable por el coso que hace que no le paguen al personal, estimado compañero? Obvio, la secretaría de coso pero los cheques los tenía que firmar Macri y los dejó sin firmar, claro”.

Porque la pareja de Fabiola amenazó a los idiotas que desafiaran a la cuarentena. Los idiotas murieron, no hubo declaraciones de Pérez Esquivel o de las abuelas de Plaza de Mayo y mi querida Fabiola hizo su fiesta de cumpleaños con peluqueros, estilistas y modelos en la residencia presidencial de Olivos.

Porque mientras la población moría esperando la vacuna, los amigos de “el poder real” (como le gusta decir a C5N, pero refiriéndose a otra gente) se vacunaban VIP y no dieron nunca una explicación.

Porque aún hoy Cecilia Anatoly Nicolini se ufana de sus gestiones ante el bélico Putin para armar el plan de vacunación argentino que nos dejó en el puesto 14 de muertes por Covid en el mundo y quintos en Latinoamérica. Sí, se ufana de eso.

Ahora bien ¿por qué la tribu de mi calle se ve en la necesidad de decir #NoSomosBoludos?

Porque siente que la tratan de boluda y no va a dejar pasar la nueva trama que está tejiendo el autoritarismo gobernante que vuelve a la carga contra lo que califican como “discurso de odio”.

En la visión del que dicen presidente, del tinglado académico, de los acusadores de siempre, del poder real de este país desempoderado son odio la oposición, los medios y la justicia, y por lo tanto todo lo que dicen estos tres actores que no se le someten, es odio.

Lo que le responde, sensatamente, la tribu de mi calle es #NoSomosBoludos.

Por eso cuando Pablo Osito Cariñoso Moyano se para frente a miles de compatriotas y dice: “Estamos denunciando un plan sistemático para matar a la referente más importante que tiene nuestro país. Hay que denunciar a la justicia, a los grandes medios de comunicación. Se tienen que hacer cargo, hay que hablar con nombre y apellido: los Wiñaski, los Leuco, los Majul que constantemente están llamando al escrache a aquellos dirigentes que tenemos una cierta responsabilidad, que se hagan cargo, ustedes también son parte de los responsables de lo que pasó ayer” no es un discurso de odio.

Es pis and lav.

Cuando Alejandra Corazoncito Darín apostrofa el accionar de “un sector minúsculo de la dirigencia política y de sus medios partidarios que vienen repitiendo un discurso de odio y criminalización de cualquier dirigente popular o afín al peronismo” ¿de qué habla?

Porque un fiscal dijo -y mostró los papeles en los que se basó- que Néstor y Cristina Kirchner convirtieron a un monotributista en uno de los principales empresarios de la construcción pública en el país días antes de asumir ellos al poder en un estado que le dio, a ese empresario, millones y millones de dólares para que construya obras que jamás se controlaron, la empresa cerró pocos días antes que los Kirchner dejaran el poder habiendo cobrado todo pero sin haber terminado las obras y la plata terminó en las cuentas de los Kirchner.

Eso es lo que los medios dijeron.

Lo que criminaliza a “cualquier dirigente popular o afín al peronismo” no es el accionar de los medios, es el accionar de los Kirchner.

Mientras la Darín menos premiada daba el discurso del amor vs. el odio, las masas enardecidas gritaban aquello de “che gorila, che gorila, si la tocan a Cristina qué quilombo se va a armar!”. Desde “Acuario deja que entre el sol” de Hair que no se escuchaba tanto amor en una canción.

¿Cualquier crítica será considerada “discurso del odio”? Pues bien, querida Alejandra ChuchiChuchi Darín, lo que muy sensatamente le está contestando la calle es #NoSomosBoludos.

No.

La verdad no criminaliza.

Los actos criminales criminalizan.

Otra vez, qué vergüenza tener que repetir lo obvio.

Cuando en septiembre del ’20 la pareja de Fabiola dijo “cuando termine la pandemia va a haber un banderazo de la gente de bien” eso es un discurso de qué? ¿de buena energía?

La revista Barcelona, que banalizó la Shoá y puso a la hija menor de Macri como Ana Frank ahora ¿qué dice del discurso del odio?

Lo más interesante del asunto es que se habla de “discurso del odio” sin decir qué corcho es el “discurso del odio”.

Para esta caterva de Peronlievers dar datos que no le guste al poder es discurso del odio. ¡Caramba, el viejo Orwell enseñaba justamente lo contrario!: “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas”.

Como bien recordó la especialista Adriana Amado, doctora en ciencias sociales, investigadora en el Worlds of Journalism Study, activista cívica en la ONG Infociudadana y Poder Ciudadano, el capítulo argentino de Transparencia Internacional, periodista y por sobre todo, amiga mía, la oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas abordó ya en 2019 “las crecientes limitaciones a la libertad de expresión relacionadas con la religión o las creencias que adoptan la forma de leyes contra la incitación al odio”.

Con el verso de que difundís odio, te prohíben la libertad de expresión.

Y así la denuncia del discurso del odio se convierte en el discurso del odio.

Ante esta estrategia gubernamental que se acentuó a partir de los hechos del jueves pasado, la tribu de mi calle responde que no te cree, que no se adhiere a tus acciones y que no es boluda.

Paradoja, casualidad o ironía del destino, la canción de Los Redonditos de Ricota se llama “Vencedores Vencidos”.

#NoLesCreemosNada #NoAdhieroAlFeriado #NoSomosBoludos